Lánzame hacia el vacío. Al llegar a casa, me lamento de la situación. Cada momento vivido es una decepción. Trago el polvo que acumula mi habitación, aguantando cada vez más mi ruda respiración. Me aferro a mi círculo enfermizo, preguntándome una y otra vez lo mismo: ¿De qué sirve estar en pie si ante mí solo sientes frío? ¿Si soy tan imprescindible por qué me lanzas hacia el vacío? Solo me alienta la luz del resquicio. Mi cabeza es una jaula de grillos. Malos pensamientos, grandes prejuicios. No consigo acallar todo este ruido. Ojalá alcanzar la calma y el olvido.












