tragedyxz:
Dime entonces, ¿qué mierda me gusta? —con un gesto carente de emoción, la miró, ese vacío abstracto que de vez en cuando se remplazaba por una chispa humeante de calidez que, en ocasiones simplemente únicas, ella había logrado robar, pero esos momentos de cuento no eclipsarían de ninguna manera las verdades más feas y crudas, mentirse así sólo sería darse más tiempo, sólo extender la tortura, extender el punto final a la historia y darle giros, giros tormentosos— Lo bueno es que, después de tanto, yo también sé qué te gusta a ti. —pero sabía más lo que no le gustaba, lo que lograba sacarla de su zona de paciencia, lo que lograba hacerla temblar y llorar, cómo llevarla al límite y era, desgraciadamente, un talento mutuo, algo había logrado aprender de los silencios ensordecedores y las horas de simplemente observarla.
La obra más tormentosa la tenía delante de sus olivas, manchándose la lengua con tan sólo dirigirle la palabra, otra vez acorralada entre sus pálidos dedos, la música desaparecía y todo se le antojaba bastante insulso como para ser foco de su atención. Se encogió de hombros, las palabras vagaban y él no podía cazarlas, era tal vez que estaba ahí por un desgastado impulso, por una ceguera absoluta y por simples vueltas de la vida en forma de paradoja— Tenía ganas de verte. —ella debía estar acostumbradas, era de sílabas tajantes, crudas, hechas murales para la creación de vacíos— Lo que quiero es algo que ni yo tengo idea, un apostador siempre mide qué hay sobre la mesa, ¿qué me dices? —desfilando sus ojos desde los lienzos hasta el perfil femenino, se vio sorprendido por la cercanía y la actitud infantil que la atacaba en momentos no permitidos ni adecuados — Tienes razón, Arlete, llevaba mejor cara cuando estaba contigo. —como dardos con ganas de provocar, sus palabras huyeron en un ligero susurro, tomando el dedo femenino sólo para jugar con él y soltarlo con falsa suavidad— Tiempos tan felices. —se atrevió a añadir, chasqueando la lengua, a veces se sorprendía por el manejo de acidez palpitante en sus cuerdas vocales, un órgano tan importante como el corazón mismo, pausado en un letargo congelado y profundo— ¿Se puede fumar aquí, verdad? —cuestionó, sus dedos se deslizaron por su muñeca, se despidieron de ese agarre de manera lenta y, finalmente, terminaron jugueteando con los Camel metidos en su bolsillo, pero sin medirlo ya se estaba posicionando uno entre los labios, tanteando la llama del zippo y dejando que la primera nube gris se esparciera sobre ellos, fiel testigo de la corriente compartida— Si nos terminan echando, que sea a los dos.
¿Debo de decirlo? ¿En este ambiente? — inmersa en la realidad que los rodeaba, el arco de sus cejas se elevó, ya no había necesidad de volverse esquivos con la intensidad de las miradas porque todo su consciente había caído rendido en el poder innegable de la manipulación. Temerosa de ser escuchada, descendió su tono de voz alcanzando el susurro en oídos ajenos —. No querrás que crea que estás limpio, ambos sabemos muy bien de qué hablo — humedeció sus labios, la pausa fue necesaria para verificar que estaba siendo comprendida —. Nos conocemos bastante bien— concluyó, resignada, el suspiro acompañó la distancia que continuamente se alteraba entre los dos; Un imán de emociones, un vaivén en medio de la monotonía, un placer oculto por volver a tocar aquellos labios, por perder la yema de sus dedos entre rincones ocultos. Mas también había cierto deseo en hundirse entre las tierras tenebrosas, la demencia desgarradora de su garganta que osaba a reclamar siempre algo más, y que ahora se escondía entre ideales románticos y una sonrisa cargada en inocencia. Porque eso era, una víctima.
La confesión no era más que un producto de la verborragia masculina que arrastraba una vez más la posibilidad de decenas de mentiras ascendiendo al único escenario posible. Fiel desengaño, tan presente y tan ignorado por la terquedad femenina que se tragaba las protestas —. ¿Y cómo crees que me sentía yo? — inquirió, curiosa, mas consciente de lo confuso que sería el responder la interrogante pendiente —. No es justo que vuelvas como el fantasma del pasado, ni que juegues a que nada pasó si cuando desaparezcas a través del marco de la puerta; no veré tu rostro nunca más— la nostalgia se había instalado en aquel par de castañas, que buscaban refugio entre las amazonas. Una promesa que jamás llegaría a escuchar, una promesa que si llegaba no sería cumplida —. ¿Y qué tal si lo que hay para perder es mayor de lo que queda sobre la mesa? — planteó un escenario que, por más hipotético que fuese, dibujaba la realidad entre ambos y aquella insistencia de continuar lo abandonado, no era más que un capricho que recolectaba pedazos de un cuadro jamás culminado —. Lo sé — se atrevió a añadir, arrastrando la respuesta con la punta de su lengua —, nos necesitamos — abstracto era el significado que se desprendía de sus labios, lejos de mantener la definición portada en cualquier relación mundana. O al menos de ello estaba segura. Sus dedos se aventuraron a arrebatar la fuente de nicotina —. ¿Ves? De esta clase de mierda es la que hablo — y ya no había necesidad de permanecer ahí. El cigarrillo robado fue a parar a sus propios labios, cincelando la media sonrisa y desafiando al joven a recuperarlo —Si nos terminan echando, harás que mi padre se arrepienta toda la vida por haberte dado mi localización — su primera calada llegó, segura, porque ella si quería que se arrepintiera y las miradas ajenas pesaron cuando se posaron sobre ambos. Y su peso disminuyó cuando el arte forzado permaneció abandonado en aquel mismo rincón — ¿Y bien? ¿Alguna idea de a dónde iremos ahora? — el pedido de desalojo aún no había llegado, mas el deseo de huir era demasiado evidente como para esforzarse a encubrirlo.
















