Es el que siempre tuvo un buen gesto cuando le dirigía la palabra, el que me prestaba su chaqueta cuando tenía frío y me invitaba a algún snack durante la clase; el que entendió mis miradas y me hizo reír con su particular humor; el que se ofrecía a llevarme a casa en su moto, hasta que terminó llamándome a todo lado, como si yo fuera un llavero indispensable para cada plan.
Me llevó a uno de mis lugares favoritos, aquel que no visitaba hacía años, y se convirtió en mi confidente de todo lo que me sucedía. Siempre destacó lo buena mujer que era para él y me trató con tal respeto, que entendí que nunca antes había tenido a alguien tan atento, bondadoso, solidario y caballeroso como él.
Conoció a mi familia y dejó huella: se ganó el cariño de todos, desde los más pequeños hasta mi madre, simplemente por ser quien es. Hoy es mi compañero de paseos, de días de compras y de tardes de películas; de gritar con euforia viendo un partido de fútbol y de abrazarnos con ternura cuando el mundo parece detenerse.
Llegó a mi vida hace dos años, pero desde el instante en que decidimos ser más que amigos, se convirtió en mucho más: en esa presencia que transforma, en ese amor que se queda.
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La cuerda de tres hilos, no se rompe fácilmente 💚

















