Café, dulce café
Ashley estaba más que acostumbrada a lidiar con gente así. Era de Nueva York, aquella ciudad estaba infestada de gente demasiado honesta para su propio bien. Claro que lo prefería antes de la falsedad de la costa oeste. Se encogió de hombros. “Porque Starbucks queda a 14 cuadras, no hay donde estacionar y ¿me ves con cara de querer caminar?” respondió, encogiéndose de hombros. Ni siquiera se había peinado, escasamente se había dado una ducha y cepillado los dientes; no creía tener el mejor aspecto, ni le importaba demasiado. La fila no estaba avanzando, y la rubia juraba que si no tenía su café pronto iba a ponerse a llorar, por lo que consideró la propuesta. “Normalmente voy allá. Y sí, vamos, pero nos vamos en uber. Es en serio que no quiero caminar” comentó, inmediatamente sacando su celular para llamarlo.
-¿Uber, que es eso?- preguntó la morena sin más, ella estaba acostumbrada a los autos personales o a los taxis privados así que no tenia idea de que se suponía que era un Uber. -Creo que ya tomaste una decisión- al ver que la rubia había sacado su celular ya no había mucho que decir o eso pensaba Deejay-Mary quien solo se limito a esperar que su gran nueva aventura de hoy empezara. -Por cierto, no se si deba decir esto, pero creo que hoy no fue tu mejor día- aunque la chica podía tratarse de una hippe loca con complejo de emo era probable también que fuese todo lo contrario, por lo que era inevitable no preocuparse por la atmósfera que esta desprendía tanto anímica como físicamente.














