Follow —
Interactive performance by
Daniel Armengol Altayó Design Does, Barcelona Design Museum
24 March — 13 May 2018 Elisenda Muns…
Dedicado a Daniel Armengol Altayó, protagonista de la performance en Design Does.
Design Does, la exposición temporal del Disseny Hub (23.03.18–13.05.18) cuestiona cual es el papel del diseñador en la sociedad actual. Y no solo nos expone el impacto que tiene esta disciplina en nuestras vidas, sino que realmente consigue hacernos pensar.
La exposición consta de varias obras repartidas en un mismo espacio, una distribución que refleja también las capacidades del diseño. Una de estas obras es “Follow” de Daniel Armengol Altayó, que como bien dice, “el diseño crea, modifica y determina comportamientos”, así que somos nosotros mismos quienes definimos cómo vamos a comportarnos. Quiero hablar de la relación entre máquina y humano. Somos nosotros quienes diseñamos las máquinas y somos también nosotros quienes criticamos la relación que tenemos con estas. Siempre se ha hablado de la posibilidad de dotar a androides de sentimientos humanos, como el papel que juega el amor en largometrajes como Ex Machina (2015) de Alex Garland o Her (2013) de Spike Jonze ¿Hasta qué punto podríamos llegar a crear relaciones “interpersonales” tratándose de dispositivos tecnológicos?
La obra “Follow” consiste en la interacción entre una persona con gafas de realidad virtual, es decir medio androide, y tú. A través de un mando, como espectador, puedes realizar todos los movimientos que quieras y estos son imitados al instante por el protagonista de la performance (el mismo autor de la obra y aparentemente bailarín) mediante otro mando. Es decir, él ve a través de las gafas todos tus movimientos como si le pertenecieran. Si no me estoy explicando lo suficientemente bien puedes leer la descripción de Design Does (https://designdoes.es/es/follow/) o directamente ver los proyectos del artista tanto en su web (http://armengol-altayo.com/) como en el vimeo que muestra el audiovisual. Lo curioso es que él depende de ti, pero con ciertas limitaciones. El juego que yo enlacé con el bailarín consistió en intentar realizar movimientos que él no pudiera seguir, y aunque en algún momento se encontrara limitado, es algo que no importaba, porque él apañaba el movimiento a su gusto, lo cual le dotaba de cierta independencia. Entonces, “¿quién controla a quién?”
Podríamos decir que el chico está en su mundo, no ve a ningún espectador y ni siquiera lo escucha porque también lleva unos auriculares en los que sonará vete a saber qué (me habría gustado escucharlo). El resultado de esta relación máquina - humano es de impotencia. Por mucho que en algún momento parece que hay una sincronización entre las dos personas durante la performance, lo que cada uno está viviendo es totalmente distinto, no existe la comunicación. Y de esto te das cuenta con el paso del tiempo, al principio es incluso bonito y divertido ver a las dos personas moviéndose casi al unísono, pero la relación es inexistente. Y esto lo ves claro si pretendes comunicarte con el protagonista, porque no responde. Tengo que aclarar también que el mensaje inicial de la exposición no es este, pero es el que yo me llevé a casa cuando me encontré junto a otra compañera escribiéndole mensajes con el mando, dibujando letra por letra un “hola” o un “actúa por ti mismo”, pero lo único que hizo fue imitar nuestros movimientos, es decir, no nos contestó. Hasta el punto de escribir un número de teléfono esperando que esbozara al menos una sonrisa, buscando un pequeño gesto humano que no encontramos, qué frío.
Me consuela y me asusta pensar que las relaciones en un futuro sean así. Tanto con máquinas como con personas. Me consuela pensar que la relación con una máquina, por mucho que esté dotada de carácter humano, siempre se quede fría, y asusta que la línea que separa el control del uno al otro sea tan fina. Lo peor es que el día que esto suceda nos acostumbraremos y ya no nos preocupará, porque hoy en día ya está pasado y no nos damos cuenta ¿Cuántos creíamos que las aplicaciones para buscar pareja eran lo peor y ahora nos parece algo de lo más normal? Ni siquiera pretendo dar un discurso sobre cómo afecta la tecnología en las relaciones de las nuevas generaciones, porque ya es tan obvio como incómodamente natural. Algún día llegará el momento en que todo lo que vemos en Black Mirror sea cierto y no nos incomode sobrellevar la muerte de alguien cercano, sustituyéndolo por ejemplo, por un androide dotado de su mismo físico y carácter.
Concluyendo, ya que parece que será inevitable que toda relación interpersonal esté intermediada por la tecnología, espero que la sensación general siga siendo tan fría como la sensación que me dejó la exposición. Así que Daniel Armengol, si lees esto, salúdame por favor.