El roce de unas manos que solo han tocado amores no correspondidos, quema tanto como meter las manos en fuego ardiente creado por el hombre, sobre todo quema más cuando te quieres convencer de que puedes ser la diferencia y salvarte de ese dolor, un dolor que sabes muy bien que no tienes la culpa y aún así lo soportas, solo para demostrar que puedes ser la salvación de esa persona y de todos, la salvación que nadie fue para ti.
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