Como la noche y las estrellas.
Los lobos eran animales nocturnos, guiados normalmente por el instinto de la caza, gran visión en la oscuridad, un oído afilado para oir a las presas más escurridizas y un gran olfato para rastrearlas, lastimosamente, no era esa situación tan emocionante en la que se encontraba aquel lobo, sus instintos, cegados por el abrazo de la madre noche, hacían chirridos de dolor interno por querer ponerse en ese plano tan glorioso. Para su mala suerte, así como un lobo, también era un humano y por ende, debía atender las responsabilidades de uno, que entre ellas se encontraba el trabajo, no era su cosa favorita en el mundo, pero le permitía subsistir en la sociedad. Al fin y al cabo, internamente será un lobo, pero su lado más humano le hacía pertenecer a este sitio. Hasta hace poco, consiguió trabajo como repositor en una tienda pequeña en un pueblucho alejado de la mano de dios. Todo fue gracias a que salvó al anciano dueño de la tienda de morir aplastado por la misma, una historia emocionante, demasiado para la cotidianidad de aquel pueblo, pero algo no le terminaba de cuadrar nunca en ese sitio. Aquel pelinegro poseedor de la maldición miró las cervezas que terminó de acomodar, pero un latido fuerte, como el golpe de un martillo, su corazón estaba a mil por hora, necesitaba salir a cazar. No podía contenerse por mucho más tiempo, dejó las cosas como estaban y ‘‘pidió’’ un descanso al anciano. — Viejo, necesito un descanso. — Pasó a su lado a paso acelerado, su semblante yacía serio, irritado y unas grandes venas estaban marcadas en su rostro. ‘‘Claro, ¿ya haz acomodado las cerv—’’ Antes de que el senil pudiera terminar su oración, una prenda le cayó encima, era el chaleco uniforme de aquel joven. El cual sudando, salió al exterior, rápidamente se posicionó a un lado de la tienda y prendió un cigarro, su rostro estaba demacrado, al fin y al cabo, mentalmente luchaba contra un animal, y no uno cualquiera. Poco a poco, la nicotina de aquel objeto en combustión hizo efecto.
— Piuff… — Quitó el instrumento de su boca, un suspiro de alivio recorrió su cuerpo, su rápido metabolismo hizo que aquella droga actuara casi de inmediato. Pero así como vino, se iría rápidamente, pero era un pequeño empujón para calmarse, le bastaba con eso. Se posó a apreciar el cielo, recostándose a un lado de la pared del local, el relajo era más evidente. Terminaría la colilla del cigarro y volvería al local, solo que… un olor particular, invadió su nariz en ese momento. Como se dijo, el olfato de los lupinos era una locura, pudiendo oler mejor que algunos perros, con decir que él podía oler las hormonas de una persona a varios metros de distancia, era suficiente para tener en cuenta la percepción que poseía de su entorno. Y ahí estaba, era el olor de una persona que jamás había detectado. Era un pueblo pequeño, así que fácilmente memorizó el olor de todos los habitantes del área. Jugando con su nariz, descubrió algunas cosas… era una mujer, fumadora, y por la esencia fuerte; alguien de carácter. Pero los caninos son desconfiados, no tomaría rodeos en primera instancia, se manifestó rápidamente como una mirada fulminante en dirección al olor, puesto que se estaba acercando.
Ahí estaba parada frente a la entrada de aquel pequeño pueblo llamado Writtens, era su única esperanza luego de viajar por horas en aquella moto. La cálida brisa soplaba sobre su rostro alborotando sus cabellos. Estaba siendo acompañada por unos shorts de mahón, su camiseta de mangas cortas dejando a la vista el tatuaje en su brazo izquierdo y su confiable mochila. Comenzó a dar zancadas amplias, permitiendo que sus pupilas vagaran por el paisaje, aprendiendolo, analizándolo. Parecía un lugar poco poblado, era callado como una biblioteca. No podía negarlo, tanto silencio le abrumaba, pues sabía que cuando un sitio es tranquilo, habrá algo para joderlo.
Los pensamientos le carcomían la cabeza, una y otra vez pasaba por su mente las palabras de su amigo, Zero. "Haneul murió, K. Ahora debes crear una nueva vida, con otro nombre y otro hogar." ¿Cuál identidad debería adoptar ahora? No lo sabía y el simple hecho de tener que empezar nuevamente provocaba una ansiedad en su cuerpo, imposible de soportar.
Buscó en sus bolsillos, hallando su cajetilla de cigarrillos y encendió uno. Llevó el instrumento a sus belfos, acelerando sus pasos tratando de encontrar algún lugar donde hospedarse o quizás algún sitio para beber. Sintió un cosquilleo en su nuca, esa sensación de ser observada. Giro su rostro en diferentes direcciones, hasta que localizó una silueta en la distancia. No sabía quién era, tal vez un habitante de Writtens que podría ayudarla. Sin embargo, era muy desconfiada, mantendría la mano sobre su pistola en caso de algún peligro.
La mirada de aquel chico la fulminaba, casi al punto de atraversarle el alma, mas K no pensaba flaquear sino que al contrario, se paró firme, quitando el cigarro de su boca para después tirarlo al suelo y apagarlo con la suela.
— ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
Respondió, en un tono brusco. Recibir tales miradas del joven, le incomodaban. No porque lo estuviera malinterpretando más bien porque no estaba acostumbrada. Un chasquido salió de su boca, golpeó la parte interior de su mejilla con la lengua en señal de fastidio. Se resignó, ignorando lo antes mencionado. No debía desviarse del plan acordado. Encontrar un hogar estable.
— ¿Vives aquí? Si es así, podrías ayudarme.











