Se despertó cuando el leve rayo de sol que traspasaba la persiana alcanzó a iluminarlo justo en los ojos, la rubia aún seguía acostada junto a él. Le acarició los cabellos de manera dulce que esta pudiera ir despertándose ya que debía ir a clases—Alaska—susurró—me gustaría que te quedes aquí todo el día pero debes irte—añadió. Él no iría a clases ya que aún no se sentía con todas las fuerzas posibles, necesitaba algún que otro medicamento y reposo. Se movió un poco de manera tal que pudiera depositarle un suave beso en los labios a la contraria—despierta—repitió—. No me hagas tener que llenarte de besos para que esto pase—. Luego de aquello se volteó y escondió la cabeza en la almohada.
Su sueño de nubes de algodón se desvaneció luego de unos segundos de escuchar una voz masculina intrusa en ellos. Abrió los ojos y gimió, no quería levantarse. Los volvió a cerrar—. Mi boca apesta, no me beses... —murmuró media dormida todavía. Se acurrucó junto al muchacho nuevamente y se enterró aún más entre las sábanas—. Diré que estoy enferma; no tengo ningún exámen, mamá —volvió a mascullar, agregando el “mamá” inconscientemente ya que esa solía ser siempre su excusa para saltarse un día de clases.












