—Eh, eh, eh, que conste que eso es tu culpa. Quiero decir, me abrazas y me dejas usar básicamente tu cuerpo como almohada, así que no es mi culpa que me quede dormida. Pero eso no significa que tienes que dejar de hacerlo, porque me gusta acurrucarme contigo —aseguró, sonriente. Maddie amaba sentirse totalmente abrazada, y mas si era por Alex, por lo que incluso durmiendo era ella siempre la que se apegaba a él con tal del que el contrario la abrazase fuertemente, como a ella le gustaba—. Alex, la verdad es que soy realmente feliz desde que llegaste a mi vida, así que tu propósito se cumple a la perfección —a veces no podía evitar las tontas sonrisas de enamorada que se le escapaban sin más estando alrededor de su novio, y aquella era una de esas veces—. Entonces puedes repetirlo toooooodas las veces que tú quieras, porque me gusta escucharte decirlo una y otra vez por muy cursi que sea, pero yo te quiero más —murmuró aquello último, siendo acompañada dicha frase de un beso en los labios del contrario. Con Alex le era tan fácil mostrarse vulnerable, que no podía parar aquellas lágrimas que seguían cayendo sin cesar—. Pues odio estar así, entonces. Es que ni siquiera me has dicho algo malo, pero aún así las lágrimas han venido de golpe y no las he podido parar, y creo que es un cúmulo de cosas juntas —sollozó, no sabiendo muy bien si lo que decía tenía sentido alguno. Tan sólo soltaba todo lo que sentía, aun fuese muy difícil de entender para el moreno—. Además el otro día pensé que si, por alguna casualidad, yo no hubiese estado embarazada, tal vez tú no estarías conmigo y, y, y son sólo tonterías, lo sé, pero lo pienso y las inseguridades viene a mí de golpe —prosiguió, destapando su rostro finalmente para observar a su novio, aun estando hecha un desastre por culpa del rímel corrido—. Tú también eres lo mejor que me ha sucedido en la vida, y por eso me asusta perderte.
--Van a ser los cinco mil dólares más fácil ganados en mi vida, ¿te digo porque? Porque me encanta dormir acurrucado contigo. Así que pasará lo de siempre: Te dormirás, tendré que ver la película sólo y en la mañana tendré que contartelo todo con lujo de detalles o si no te enojarás porque no te cuento ''todos los detalles''--. Relató el evento tal y como pasaba cada vez que Alex y Maddie veían una película juntos, pero el moreno simplemente no podía mentir, amaba sentir la cercanía de la muchacha durante las noches donde ella era la cucharita pequeña y él la cucharita grande. Si podía escoger un momento de todos los momentos que tenía con Maddie en su vida eran las noches donde ella se dormía temprano y él se quedaba como un acosador admirando su hermosa cara y cuerpo, pequeños placeres de la vida. --Aún nos quedan muchos años juntos así que mi propósito aún sigue en pie--.Besó repetidamente la frente de la pequeña castaña, acercándose a ella mientras acariciaba sus brazos con la yema de sus dedos. --Lo repetiré todos los días de mi vida, pues, estoy enamorado, te amo y te quiero mucho más--. Depósito un suave beso en su mejilla, sabiendo que Maddie de hace meses atrás jamás sería capaz de admitir eso en voz alta, pero esta Maddie no tenía miedo de decirlo en voz alta y le encantaba que sus paredes se vieran abajo cuando estaba con él. --Cosas normales, amor. Son cosas que tarde o temprano tenían que pasar. Es mejor que llores aquí, conmigo. Que guardarte tus lágrimas y explotar días antes de tener a las o los pequeñines ¿no crees?--. Habló con ella lentamente tratando de contagiarle su serenidad. --Mira esto--, le mostró el tatuaje que tenía su nombre, ya el hecho de tenerlo ahí era costumbre en el día a día del moreno --te quería antes, te quiero ahora y te querré siempre ¿sí? Porque este corazón sólo le pertence a una persona y es a ti--. Con su dedo pulgar limpió las lágrimas que corrían por su rostro. --No me vas a perder, nunca, nunca. ¿Todavía quieres ir a cenar? Haremos lo que tu quieras.














