Se nos estaba yendo de las manos, el querernos tanto. Recuerdo aquellas noches cuando tú mirabas el cielo, y yo te miraba a ti, mi cielo. Deseabas robarle alguna estrella al manto de la noche, y yo te deseaba a ti, mi estrella más valiosa. Me sabía el mapa que dibujaste con la yema de tus dedos, sobre mi espalda. Y tu pelo, aveces liso, aveces rizado, se celaba de los besos que venían después de todos estos momentos. Y ahora no sé cómo decírtelo, ni si quiera con argumentos. Que aún me sé ese mapa, solo que estoy disimulando ser igual de duro que tú.
- Alexander









