“…Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.” Juan 21:15
El momento más difícil de la vida del Apóstol Pedro llegó aquella noche en que escuchó a ese gallo cantar dos veces y recordó que el maestro le había dicho que lo negaría tres veces (Marcos 14:30). Pedro le había dicho al Señor que aunque todos se escandalizaran o se asustaran por lo que pasara, él no lo haría. Sin embargo falló a su promesa y lo negó, dos oportunidades tuvo para recapacitar y corregir, pero fue mayor el miedo y no lo hizo.
Los días posteriores a la crucifixión y muerte del Señor fueron días difíciles para Pedro y los demás discipulos; Por tres años habían dejado todo y habían seguido a Jesús, ahora se encuentran con que está muerto y ya no está, muchas preguntas, muchos cuestionamientos. Deciden por iniciativa de Pedro volver a retomar sus vidas haciendo lo que antes de Jesús hacían todos los días, deciden volver a pescar (Juan 21:3).
Estaban en eso cuando Jesús se les aparece y comparte un tiempo con ellos en el desayuno y después de haber comido tomó a parte a Pedro para hacerle una pregunta muy importante. Esa misma pregunta te la hace a ti que lees está reflexión, esa pregunta es ¿Me amas? (Juan 21:15-17).
Analiza detenidamente los hechos. Pedro había negado a Jesús tres veces, en el momento en el que ya no lo ve decide volver a su vida pasada; y no es que juzgue al Apóstol sino que me veo reflejado en él. ¿Cuantas veces le fallamos al Señor y de cuantas maneras? Esas fallas nos persiguen y nos acusan y nos llevan a pensar que lo mejor es renunciar y volver a hacer lo que hacíamos antes de Jesús. Así se encontraba Pedro en ese momento, pensó que lo mejor era volver atrás.
Pero miremos el amor y la compasión del Señor y comprendamos está verdad: “Jesús no lleva un registro de tus faltas o pecados, solo quiere saber si lo amas tanto como para que sigas adelante con él”. Por supuesto que seguir adelante con él requiere de cambios de nuestra parte, requiere que nos arrepintamos y nos apartemos de aquello que nos separa de él, pero lo que resalta en este caso es que esa culpa que nos separa de buscarlo cuando le hemos fallado no tiene su raíz en alguna acusación que Jesús nos haga, él no te acusa.
El Señor volvió a buscar a Pedro y no a recriminarle por haberlo negado, abandonado y por haber vuelto atrás, volvió para para hacerle solo una pregunta, ¿me amas? ¡Sigamos Adelante!
El amor de Dios es maravilloso, dice 1 Corintios 13:5 que el amor no guarda rencor, no lleva una lista detalladas de las ofensas y así mismo es. Él no está interesado en porqué lo rechazas, porqué no crees en él, porqué decidiste vivir tu vida separado de él, o porqué te averguenzas de él y lo niegas, o porqué decidiste volver atrás. Solo quiere saber si lo amas y estas dispuesto a seguir adelante con él, por que él sí, definitiva y comprometidamente está dispuesto a seguir adelante contigo.
Déjate amar por Jesucristo, abre el corazón y déjalo entrar, que él sea tu Señor y tu Salvador y compromete tu vida para honrarlo en todo lo que haces, servirle y en testificar a otros de él, eso es igual a decirle: “Sí Señor, te amo y quiero seguir adelante contigo”.