Al menos los caballeros seguían existiendo; pensó cuando notó el acto de amabilidad que había realizado su repentino e inesperado acompañante. “Al séptimo piso, rulitos.” Era el mejor apodo que se le podía ocurrir sin pensarlo demasiado. Una amistosa sonrisa se dejó a entrever con el propósito de que no pareciera algún tipo de burla y posteriormente señaló el ascensor más cercano a ambos. “Por suerte no tendremos que subir las escaleras. Oh, y soy Vesna.”
Sonrió ante el apodo convenientemente acertado. No le molestaba en absoluto el pequeño atrevimiento, tantas personas le habían condenado con dicha denominación que ya no le generaba ningún fastidio. Agarró una bolsa más para intentar ayudar en lo más posible y se preguntó cómo la joven había llegado hasta allí con tanto peso. “Un gusto Vesna, ¿eres parte del trío juvenil, verdad? Digo, las tres muchachitas alocadas del séptimo” preguntó curioso mientras avanzaba hacia el elevador. “Oh, y soy Dante, aunque rulitos también va ocasionalmente”.











