Sonrió ante el apodo convenientemente acertado. No le molestaba en absoluto el pequeño atrevimiento, tantas personas le habían condenado con dicha denominación que ya no le generaba ningún fastidio. Agarró una bolsa más para intentar ayudar en lo más posible y se preguntó cómo la joven había llegado hasta allí con tanto peso. “Un gusto Vesna, ¿eres parte del trío juvenil, verdad? Digo, las tres muchachitas alocadas del séptimo” preguntó curioso mientras avanzaba hacia el elevador. “Oh, y soy Dante, aunque rulitos también va ocasionalmente”.
Alocadas, indisciplinadas e irresponsables en la mayoría de las ocasiones. Escuchar aquellas palabras ya no llamaban su atención, mas le provocaban cierta gracia y de vez en cuando también le recordaban que deberían de mejorar su comportamiento o al menos que ella retomara el que alguna vez tuvo. “Así es.” Afirmó sin dudarlo. “Aunque se podría decir que soy la menos alocada.” No podía permitírselo, después de todo tenía un trabajo en el que permanecer y una renta que pagar. “Es un nombre bastante particular, pero rulitos es divertido.” Comentario que confirmaba que así lo llamaría hasta un tiempo indefinido con o sin su autorización. “Muchísimas gracias por la ayuda. No sabes cuán difícil se me hizo caminar hasta aquí, parecía literalmente un burro de carga. Y, ¿de qué piso eres?” Cuestionó, tratando de descifrarlo por su propia cuenta antes de que él respondiera. “Un momento, tú eres el que se desvela a mitad de la noche junto a una rubieciella.”











