Un ligero sonido similar a una risa salió del fondo de su garganta mientras miraba al suelo cuando escuchó hablar a la mujer. Con la amabilidad que le caracterizaba, levantó la mirada de nuevo con una sonrisa cálida, no quería que ella malinterpretase aquella especie de risa. Suponía que todos estaban algo perdidos por el asunto de los vuelos, quizás a ella también le había tocado sufrir un vuelo excesivamente largo para llegar a Hawaii. Se humedeció los labios antes de hablar, el vuelo se los había dejado bastante secos.
—Decía que si te gustaría un pedazo de Kinder —dijo moviendo ligeramente la chocolatina en el aire por si acaso aún no le había entendido, aunque pensando que quizás podría ser cosa del idioma, añadió con un español pronunciado de forma bastante decente—. ¿Un trozo?
— ¿Kinder? O sea, ¿un huevo Kinder? —pregunta, sintiéndose un poco estúpida; ¿qué pensaría el hombre? Seguro que era una retardada total—. Lo siento, esto de volar no es lo mío —se disculpa y, seguidamente, se quita los lentes de sol que cubren sus ojos y parte de su rostro—. Gracias, pero creo que paso. Tengo el estómago tan revuelto que no creo poder ni comer siquiera un poco de eso. Pero, en serio, gracias. Eres muy amable. Si yo fuera tú, no compartiría mi Kinder —dice, y le dedica una sonrisa.













