Salvador, 21 de julio/2016 6:56am - Micro, línea 273
No debería, pero ni el frío paralizador parece capaz de impedirme escribirte. No es que te extrañe tarde, sino que no me animo antes. Ya sé, soy un idiota, es lo que más detesto de mí y sin embargo pareciera ser lo único que te interesa en mí. No es un planteo barato, nada más me pareció que no tenías razones suficientes para ponerte mal por alguien que no vale la pena. Soy efímero, Julieta, y a todo parezco encontrarle su fecha de vencimiento, incluso a las canciones, por eso nunca fui capaz de escribirte una, porque eso me hubiera hecho aceptar que vos te me ibas a terminar. Pero sí estoy seguro que si empezamos, nada se mantuvo. Sé que lloraste cuando te enteraste que el último disco no hablaba de tu risa, ni tu vanidad o tu soltura. Por eso quiero que sepas que todavía sos real, y no importa qué tanto lo seas para mí, sino que seas capaz de valorarte, amarte y vivirte. Porque me parece injusto que para que te veas de la forma en que lo hago, sea necesario que yo te mire primero. No te escribí porque sé que lo estás esperando, y mi opinión no te hace verdadera ni debería darte confianza, tampoco te define ni te limita, y me encantaría abarcarte de todas las maneras habidas, pero sé que cuando me vaya vos no vas a saber presentarte. No sé si sabes cuánto me idealizaste, y no sabría decirte si más que a vos, pero eso también me asusta a mí. Lo que vos puedas decir de mí tampoco lo considero real, diría que es un punto de vista, tenés tus argumentos y fundamentos, incluso podrías tener teorías sin un punto fijo de partida. La realidad se conforma de muchas realidades exparsidas por todo el mundo, pero no voy a hablar por los demás, y hablo de la mía: Mi realidad, Julieta, es que sin la tuya parezco no tener congruencia, ni mi vida ser verídica o verosímil. Pero si estoy, la tuya pareciera no creerse ni cuidarse, y a vos no te preocupa quererte. Quizás sea mi idea de querer lo recíproco, lo justo, aunque seguro me vayas a decir que es miedo al rechazo, también podría decirte que es por aburrimiento, y como de vos no puedo aburrirme, a lo mejor ahí radique mi miedo. Yo tampoco sé cuidarme, no me malinterpretes, no creo quererme tampoco de la forma correcta y debo estar equivocado en muchas otras cosas, pero tampoco tengo la fuerza necesaria para quererte más que a mí mismo ni la maldad de dejar que vos no te quieras en lo absoluto. No te estoy dejando si considero que nunca nos dimos el lujo de empezar, no te estoy dejando porque sé que mañana no me voy a olvidar. Hoy te vi bailar y sé que por muchos fines de semana más me vas a gustar, pero avanzar para mí sería terminar. Vos no sos mía y yo no me entrego a vos, me gusta creer que nos encontramos en el último álbum de Pink Floyd que escuchamos en tu cuarto, me gusta imaginar que en cada banda emergente que conozcamos nos vamos a mirar, y en ese momento en que veo las luces bailando en tu cara pintada de fascinación, voy a pensar qué bien te disfruté esperando que te acerques y me ofrezcas tu cerveza pensando qué bien, duró todo lo que nos pudo hacer bien.










