Te di frutos rojos;
arándanos delicados,
de mi corazón comiste.
Cambiaste, al igual que yo,
la forma de ver al mundo
porque te duele vivir,
pero no te preocupes,
hay algo que lo cura todo.
Amo que existas,
y mejor aún;
amo que existas al mismo tiempo que yo.
Pues cuando te miro,
el sentido no se llama sentido,
sino tu nombre.
Sé que Dirac estaría orgulloso;
lloramos de contentos,
porque el amor está aquí
calmado en diciembre,
y dispuesto a seguir en el tiempo.
Si tan sólo recordaras mi nombre...
una última vez.












