Posmachismo: la nueva trampa en la cultura
Transitamos tiempos de cambio tal vez como en ningún otro momento de la historia. Cambios que ya no se conforman con la forma, sino que pretenden, transformar la esencia de las relaciones políticas que definen el mundo interpersonal entre los géneros.
Estos cambios a veces nos atropellan, otras nos encuentran preparadxs y otras nos seducen para que nos involucremos como protagonistas, como autorxs; nos convocan a participar en la transformación.
Pero también generan resistencias, una sensación de despojo para aquellos hombres y mujeres que han decidido atrincherarse tras la frontera de género.
El posmachismo según Miguel Llorente Acosta
Miguel Llorente Acosta es médico forense. Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
Ha trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género por lo que fue Delegado del Gobierno español para la Violencia de Género en los tiempos del PSOE.
Dice Llorente Acosta: “El posmachismo es la estrategia o actitud adoptada por los hombres actuales para perpetuar una trayectoria histórica común a todos ellos: cambiar para seguir igual. Los hombres se han adaptado a la parte más superficial del discurso feminista, pero a su vez lo han reelaborado para mantener intacta su posición social. Ellos han cambiado, pero todo continúa igual. El posmachista adopta una imagen sintómica (aparente) con la igualdad, marcando incluso distancias respecto al modelo de convivencia patriarcal, pero denuncia hechos puntuales que les permiten lanzar una crítica que asegure su posición de dominancia. En otras palabras: el posmachismo no parte de una teoría alternativa para la nueva situación de igualdad, sino que simplemente cuestiona todo lo que ataca la posición tradicional del hombre. Y el desgaste que esta estrategia genera es suficiente como para perpetuar la situación de control sobre las mujeres. El hombre de hoy usa los elementos de lo posmoderno, como pueda ser la fragmentación del discurso, para mantenerse en el poder. Ejemplos: critica que algunas mujeres ponen denuncias falsas contra sus parejas, critica que las madres estén generando en algunos casos un Síndrome de Alienación Parental (S.A.P)en los hijos, critica que haya que luchar excesivamente para conseguir la custodia compartida, critican que las mujeres ya han alcanzado la igualdad y que ahora sólo quieren obtener beneficios extras… Por tanto, el posmachismo no critica el discurso de la igualdad en sí, sino que cuestiona un montón de asuntos puntuales para deteriorar poco a poco ese mismo discurso.”
Desde su enfoque Miguel Lorente Acosta enuncia conductas propias del posmachismo:
· Critica las intervenciones de asistencia a mujeres víctimas por percibirlas como ataques a los varones y/o por no contemplarlos en las medidas adoptadas.
Siembra la duda sobre la violencia contra la mujer argumentando que hay muchas denuncias falsas que son utilizadas para sacar provecho de la legislación protectoria.
Critica las medidas de acción positiva que buscan poner en pie de igualdad a las mujeres con respecto a los varones –minimizando el hecho de haber estado tradicionalmente postergadas- por ser discriminatorias contra los varones, vulnerándose así la “igualdad ante la ley”.
Difunde al feminismo como una ideología que odia a los varones y quiere imponer la supremacía femenina.
Resalta los casos de varones y niños asesinados por mujeres, que el feminismo no niega, sin advertir que tales hechos no pueden compararse con la magnitud de los femicidios de mujeres y niñas como fenómeno sistemático y transversal a todos los tiempos y las culturas.
Reproduce estereotipos entendiendo la violencia contra la mujer, no como una expresión de desigualdad estructural, sino reduciéndola a problemas privados de parejas puntuales, donde seguramente hay sustancias adictivas de por medio. Todo lo cual es falso.
Invoca en defensa de los privilegios masculinos elementos de la naturaleza y de la tradición indistintamente: “es natural que la mujer tenga hijos”, “siempre se ha hecho así y no estamos tan mal”, “si la sociedad llegó a este punto de evolución por algo es”.
Ante las graves consecuencias de la mutilación genital femenina, el posmachismo la compara con la circuncisión, como si el daño físico y psíquico y la finalidad fueran iguales.
Victimizarse como resultado de una sociedad que los estigmatiza diciendo que “los hombres pagan con sus vidas la tranquilidad de las mujeres, con argumentos como que su vida media es más reducida, las muertes en los accidentes laborales y de tráfico, (…) obviando que estos fenómenos son directamente atribuibles a la discriminación de roles natural del modelo patriarcal.
Por último, y en palabras de Miguel Lorente Acosta: su estrategia es la “Utilización de la igualdad para no avanzar en igualdad. Critican que sólo se hable de mujeres, no de hombres, pero lo hacen para que no se hable de ninguno, ni de hombres ni de mujeres, no para que se hable de los dos”
1 El caso de Melina Romero
En los últimos días, al cabo de un mes completo entre la desaparición de Melina Romero y el hallazgo de su cuerpo, varios medios de comunicación asumieron rápidamente que estábamos ante un crimen de género. No obstante las explicaciones que circundaban la noticia hicieron hincapié en el hecho de que la joven se había desempeñado como promotora de algún boliche bailable, que había abandonado la escuela secundaria y que tendría hábitos nocturnos, tal y como si estos comportamientos de algún modo justificasen el riesgo al que de motus propio ella se hubiera expuesto, culpabilizando soterradamente a la víctima. Estos son los mismos medios de comunicación que hasta no hace mucho hablaban de crímenes pasionales, justificando a los asesinos y depositando la responsabilidad del crimen en las víctimas. Algo del leguaje ha cambiado, pero no cambian los supuestos ideológicos desde dónde se comprende el problema.
En los últimos meses han sido de dominio público las dificultades que el documental “Borrando a papá” tuvo a la ahora de su estreno con lo cuál, sus productorxs asumieron y denunciaron estar siendo víctimas de censura por el contenido de su film cuando en verdad DOCA los separó de la organización a causa de esta falsa denuncia.
Dicho documental que se estrenará a principios de octubre, exhibe denuncias de hombres que, tras divorcios conflictivos no pueden regularizar los regímenes de visitas con sus hijxs, lxs que usualmente se hallan bajo la tenencia de sus madres, ponen en duda la veracidad de las denuncias por violencia de género y abonan a la falsa teoría del SAP (Síndrome de Alienación Parental) que acusa a las madres de “lavar la cabeza de sus hijxs en contra de sus padres”, siendo esta teoría no sólo carente de sustento científico a nivel internacional sino declarada ilegal en el trascurso de este año en nuestro país.
3 Una experiencia personal: lo no dicho.
A menudo en mi tarea de militante por la equidad de género me veo en la necesidad de dar testimonio de mi historia como víctima de violencia de género.
En medio de las charlas nunca falta el o la interlocutor/a que se pregunta ¿cómo puede ser que alguien con mi personalidad y mi educación haya sido presa de esta problemática? Secretamente se esconde la duda. Y la duda no es inocente. La duda, en el marco de la conversación, grita desde el silencio y mientras grita reproduce todos aquellos estereotipos y mandatos que omiten, que en nuestra cultura patriarcal, no existe un agresor sino una cultura y una sociedad que agrede cuando naturaliza la desigualdad.
En el marco de esas mismas conversaciones muchas personas con un tono socarrón me han preguntado “¿Pero… usted hace política con esto?” A lo que debo responder con la verdad: - Sí, he intentado alcanzar una banca en nuestro HCD para llevar la voz y una propuesta de solución a través de mi programa Maltratocero - Pero no suena bien que una ¿ex? víctima de violencia de género pretenda alcanzar escaños legislativos.
¿Qué es eso de ambicionar seguir corriendo unos cuántos derechos humanos más allá a la tradicional frontera de género? ¿No debería acaso permanecer en el rol para el cuál el patriarcado mejor me ha formado, que es el de cuidadora, solamente acompañando víctimas?
Desandar los mitos sobre los que edificamos y sostenemos las desigualdades entre los géneros nos permitirá superar una sociedad profundamente marcada por la inequidad, dónde el desequilibrio de poder es responsable de los crímenes cotidianos que las mujeres y lxs niñxs somos víctimas en un mundo dónde reina la impunidad.
Cualquier ciudadanx medianamente informadx creerá hoy que la ligereza con la que se libran las órdenes de restricción perimetral y las exclusiones del hogar ante una denuncia de violencia de género/ familiar, en nuestra ciudad, es expresión del éxito de esta lucha, sin embargo tristemente debo decir que no lo es, porque degradar estas medidas cautelares automatizándolas ante cualquier episodio de crisis familiar, esconde un secreto desprecio por los avances jurídicos que hemos alcanzado y encierra el peligro de ir para atrás promoviendo nuevas inequidades.
No terminamos con el machismo, que ya es una lacra que cuesta dolor, muerte y destrucción medio ambiental desde hace siglos, que ya debemos poner manos a la obra para combatir a su hijo ideológico, el posmachismo, que está visto viene por mucho más.
María Laura Razzari
Prof. de Historia y Filosofía.
Presidenta y fundadora de Maltratocero Asociación Civil.
www.maltratocero.org