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Un maldito disfraz de abeja. Sí, eso era exactamente lo que Amanda traía puesto: Unas antenas pomposas decoraban su cabellera, y un par de alas negras iban sujetas a su espalda como una mochila. Lo había conseguido con tal de complacer a Caleb, quien llevaba un traje de Peter Pan, y ambos componían un equipo de héroes que el menor inventó. Como cereza de pastel, mientras se paseaba con él, se encontró con una pequeña que se le hacía familiar, sola, con un helado en su mano y levemente desorientada; no cabía duda de que a alguien se le había perdido su pequeño a cargo. Sin dudarlo demasiado, la rubia tomó la mano de la pequeña e iniciaron una conversación, la que comenzó con la clásica pregunta (¿Estás perdida?) y se desvió hacia temas aleatorios y que nada tenían que ver con la preocupación de la mayor. “La mujer abeja, esa soy. Y mi amigo, este caballero que está abrazado a mi pierna, es Peter…” desordenó el cabello claro del pequeño y quedó con la oración sin terminar, puesto que fue en ese instante cuando Aria apareció y tomó a la niña en sus brazos. “Vamos, Aria, ni siquiera yo he perdido a mi enano de vista. ¿Qué te pasó?” le juzgó con una ceja arqueada.
“Un mal día... O éso supongo” bufó, alzando a la pequeña y estrechándola con más fuerza. “No me malinterpretes, Hayley es un encanto. Pero todo junto, no lo sé, quizás me saturó” se explicó, intentando cambiar de tema y desviar su mirada hacia el pequeño que tímidamente se aferraba a la pierna contrapuesta. “¿Y éste galán en miniatura quién es? “ cuestionó, sonriendo con amplitud. No pasó demasiado tiempo hasta que la castaña, una vez olvidado su gran error, reparó en la vestimenta de la contraria. Innumerables carcajadas se desprendieron de sus labios, impidiéndole siquiera tomar un respiro. “Tú tienes cosas que explicarme” exigió, divertida.
*No te preocupes, Aria. Ella no tuvo la culpa, fue mía* soltó un leve suspiro *La encontré a tu lado en lo que estabas descansando, y como no quería que te despertará, la traje con mi pequeño terror* mordió ligeramente su labio inferior para luego observar al pequeño que cuidaba *Lamento haberte espantado*
“Oh” murmuró, en una especie de aliviado suspiro. “Pues, entonces, me alegra que haya estado bajo el cuidado de una gran niñera” añadió, sonriente. Sin embargo, optó por no deshacer el agarre que envolvía a la pequeña con deje protector. “No sé que me ha pasado.... Necesito un descanso, supongo” comentó, llenando sus pulmones de oxígeno.
You fell asleep in my car I drove the whole time, but that’s okay I’ll just avoid the holes so you sleep fine.
Tear In My Heart by twenty one pilots
Llevaban ya algunos minutos hablando con la pequeña que se habían encontrado en la tienda de golosinas. La niña le había pedido un helado al vendedor, pero no tenía como pagarlo porque su encargada no estaba con ella. Sin embargo, Hans y Caleb estaban ahí y sin poder resistirse a la triste cara de la infante, el mayor había pagado por su helado y ahora estaban buscando a la muchacha, pero no tardaron mucho en localizarla, pues ella los encontró primero—. ¿Cómo es posible esto, Aria? Yo soy un niñero horrible, pero no creí que alguien me pudiera superar —comentó, tratando de sonar muy serio, pero al final de cada palabra se podía atisbar cierta diversión—. Veinte puntos menos por no decirle a Hayley que no debe recibir golosinas de extraños —comenzó a enumerar cada punto que iba dando a conocer—. Veinte puntos menos también por dormirte y dejar a esta pequeña sola. Está bien que quieras soñar conmigo, pero no puedes dormirte en cualquier lugar —agregó, con ese ápice de diversión y picardía tan característico de él—. Por suerte se encontró con nosotros y no con cualquier otra persona —terminó de decir y se cruzó de brazos.
Alzó su vista para reconocer a quién le debía su gratitud y le alivió encontrarse ni más ni menos que el rostro de Hans mirándole de aquella característica manera que lograba erizar todos los vellos que cubrían su cuerpo y paralizar cada uno de sus músculos. Una risa nerviosa sus labios desprendieron, cuales luchaban por entreabrirse para que una respiración errática pudiese hacerse paso por ellos. Vaya responsabilidad la de ella, durmiéndose en pleno parque y olvidando la gran tarea que se le había sido asignada. Con un deje protector se aferró a la pequeña custodiada, clarificando lo mucho que importaba ella para Aria. Un pequeño suspiro se coló por sus carmines al oírle, debiendo reunir todas sus fuerzas para contestar, debido a la exaltación que aún conservaba. “C-cómo lo siento, n-no sé qué me ha ocurrido, yo...” alcanzó a decir, con un hilo de voz. No encontraba palabras para expresar su vergüenza, ni mucho menos devolverle la mirada. Repentinamente, el suelo se había vuelto mucho más interesante que aquella conversación. “¡Oh, v-vamos!” protestó, mientras su mandíbula se descolocaba con incredulidad. “Aunque ahora que lo pienso, se lo he dicho varias veces en el día” observó, posando una de sus manos sobre su mentón con aire pensativo. “O es muy despistada o en realidad te conoce” añadió, descartando aquella posibilidad. Aunque, pensándolo bien, lo podría haber conocido únicamente si estaba con... “Alexa” pronunció de manera casi inaudible hasta para sus mismísimos oídos. De un momento a otro, dejó de oír su respiración. Ni siquiera sabía si su pequeño corazón seguía bombeando sangre. Lo único que percibía era un gusto amargo en su boca, y un revuelo de emociones acumuladas en su interior. Intentó respirar hondamente, pero sólo logró que un entrecortado bufido abandonase sus labios. Intentó desprenderse de todo pensamiento relacionado a tal tema, queriendo así darle un radical giro a la conversación. Por suerte, el muchacho lo hizo antes de que se diera cuenta. “Uhm... Sí, por supuesto que sí, y estoy muy agradecida por ello” contestó, asintiendo enérgicamente con su cabeza. ¿Qué la había hecho sentir de tal manera? ¿Acaso estaba celosa? ¿Por qué? Todas esas y muchas más inquisiciones divagaban por su mente, cual intentaba luchar en vano con la confusión que abrazaba sus pensamientos.
«Iré a por un helado.» Ésas habían sido las últimas palabras de la niña a la que cuidaba antes de que Aria se sumiese en un profundo sueño. Había estado despierta desde la madrugada, oyendo los diversos pedidos de la pequeña y cumpliendo hasta el más simple capricho suyo. Pues, seamos honestos, ¿quién podía resistirse a ésa angelical carita? No obstante, llegó el momento donde no resistió más y se desplomó en una de las grandes bancas que se hallaban distribuidas por el parque. Antes de que lograra notarlo, sus párpados se cerraron sobre sus ojos e impidieron que se mantuviera consciente. Pasaron unos escasos minutos hasta que la castaña se despertara con brusquedad, habiendo perdido de vista a su custodia. “¿H-Hayley?” murmuró, con voz temblorosa. Sin siquiera vacilar, se incorporó de un salto y se emprendió en su búsqueda. Grande fue su alivio al encontrarla a un par de metros de donde estaba, entablando una animada conversación con uno de sus compañeros de reality. “Gracias a Dios” suspiró, acercándose rápidamente hacia ellos. “Te debo una, en serio lo digo. ¡Y usted señorita, más le vale que me dé una explicación inmediata!” habló, estrechando a la jovencita en sus brazos.
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She’s like a little version of myself, I wanna keep her </3
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hans-af: ariadp stole one of my snapbacks now she thinks she’s cool #imthecoolfriend #yourethecutefriend #toocute #stayinyourcutenesspls
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We don’t even know how but we woke up in a van #drunkmistakes? @hans-af
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Have you ever met someone
And they’re so fucking perfect in every way.
And maybe they aren’t perfect to everybody, but to you they’re just absolutely amazing.
The way they laugh and smile and talk and think and look and just everything about them and everything they do just keeps amazing you.
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—Por Dios, eres tan bonita —soltó de repente, mientras observaba a la muchacha con el rostro sereno, como si contemplara una de esas pinturas que le daban calma y lo hacían sentir en paz. Pero como le sucedía cuando estaba ebrio, cambiaba de tema cada diez segundos—. ¡Espera! Esta parte de la canción es muy hermosa, es muy para ti —dijo igual de emocionado que antes y le dio un sorbo a su bebida para entonces aclara su garganta—. If I could make the world as pure and strange as what I see, I’d put you in the mirror, I put in front of me… —entonó esas frases, con los ojos cerrados, como si de verdad pudiera escuchar los instrumentos en su cabeza. Se disponía a seguir cantando cuando sintió el suave contacto de la mano ajena con la suya y sonrió genuinamente—. ¿Por qué no? Puedo llamarlo por teléfono ahora e invitarlo a beber algo, y así poder hablarle sobre mi idea —replicó con emoción y buscó su teléfono para revisar sus contactos. Torpemente miró la pantalla de su móvil y frunció el ceño al no encontrar el número que buscaba—. No tengo su número ¿por qué no tengo su número, Aria? —inquirió con evidente tristeza.
La repentina confesión del muchacho la tomó desprevenida, debiendo tomarse un momento para procesar la información adquirida. “¿A-ah?” balbuceó, estupefacta. Nunca le había dicho algo similar, lo que sólo lograba confundirla aún más. Sin mencionar sus sentimientos encontrados hacia él, y la mescolanza de sensaciones que revolvían su interior cada vez que lo veía. Mordió con fuerza su labio inferior, ordenándose mediante el dolor que debía enfocarse. Sonrió ante su exclamación, al menos había cambiado de tema y, por lo tanto, no debía elaborar una contestación inteligente. Aguardó a que entonase nuevamente los versos de la canción, preparándose para maravillarse con su bella voz. Si antes parecía anonadada, no se quería imaginar cómo lucía ahora. No despegó su mirada de él, contemplando cómo cerraba sus ojos y se perdía en la melodía, sumergiéndose en el mar de instrumentos que se entremezclaban formando una pieza musical sinigual. Cuando hubo terminado con su breve espectáculo, no pudo hacer más que descolocar su mandíbula, dispuesta a hablar pero sin palabras para decir. “Eso ha sido m-maravilloso” musitó, clavando sus claras orbes en el suelo, algo apenada por tal contemplación. Posteriormente meneó su cabeza constantes veces, deseando que supiese lo errado que estaba. “N-no...” tragó en seco, mientras sus pulgares jugueteaban frenéticamente entre sí. “Por más que tengas muy buenas intenciones, él... Él falleció, Hans. Hace un año y un par de meses” añadió, torciendo sus labios en una mueca nerviosa.
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