Escalofrío y desconcierto, son dos sensaciones que no se dejan de sentir frente a la gran pantalla desde las primeras escenas de la película “Lazos perversos”. Los retorcidos pensamientos de una mente siniestra construyen una historia que gira alrededor de la joven protagonista.
Nicole Kidman aparece en esta cinta para enmarcar ese misterio que plantea el guionista Wentworth Miller, como Evelyn, la madre de la extraña adolescente de nombre India, encarnada por Mia Wasikowska. La madre que ha perdido al esposo, la hija que pierde al padre y mejor amigo, Richard Stoker (Dermot Mulroney) las ha dejado solas y en manos de un desconocido, el macabro tío Charly, a quien da vida el actor Matthew Goode.
La historia comienza con la muerte del padre, el golpe emocional para su única hija, el desequilibrio para la madre, que siempre ha estado ausente. India es la típica chica callada, retraída, la que sufre acoso en la escuela por ser “rara”. Es esa chica escurridiza que parece una sombra en toda la casa, y a la que no le gusta que nadie la toque, la que recibe un par de zapatos cada día de su cumpleaños, el mismo estilo, el mismo color, y que por error pensó que su padre se los daba.
La rutinaria vida de esta pequeña familia se trastoca, cuando el día del funeral de Richard que ha muerto en un trágico accidente automovilístico, aparece su hermano, Charles, del que India desconocía su existencia, y del que Evelyn sólo sabía se encontraba por Europa de viaje. Charly decide quedarse en casa con las dos mujeres de su hermano, y una historia por descubrir.
Los sucesos extraños comienzan a suceder, la desaparición del ama de llaves, la marcha sin adiós de la tía que pretendía decir la verdad sobre el tío, el chico que pretendió seducir a la joven con la que Charles se edificó castillos en el aire.
Este thriller psicológico propone sólo la apreciación de la mente retorcida y lo frágil que es la línea entre la razón y la locura, la misma que atrapa a la chica hacia el final de la cinta.
Los flashback que presenta el director Chan-Wook llevan al espectador a descubrir el verdadero drama detrás de la vida de los protagonistas. Trozos sorprendentes incomprensibles para las mentes “ordenadas”, desordenes emocionales que nadie aprecia sino hasta que se comete la primera falta, tarde, muy tarde.
El director recurre a tomas desenlazadas que llegan a confundir un poco, pero que es precisamente, lo que hace permanecer al espectador en su butaca, una escena perdida es como el deshilvane del dobladillo de cualquier pantalón.
El reparto no podía ser mejor, rostros atractivos pero misteriosos, actores que saben hacer su trabajo, y logran hacer de la película una excelente opción de inversión. Un director debutante que logra sacarle jugo al género sin mucho riesgo, y que además resulta en la sensación que deja en el espectador: saber que jamás podrá entender a consciencia la mente humana.