¡Y ahà estaba el maldito por qué! Siempre arruinando todo, no lo querÃa pero era difÃcil evitar eso. QuerÃa hablar sobre el tema, querÃa decir todo porque la querÃa para él. Pero eso ya no dependÃa de él, dependÃa de ella. Soltó un largo suspiro, no era como si no fuera a esperar esa respuesta pero escucharla se le hacÃa un poco más complicado. Cerró los ojos por unos instantes y luego se dió la vuelta con la intención de acercarse a la rubia, caminó hacÃa ella y cogió ligeramente su cintura, acariciando con delicadeza su piel aferrando la espalda de la chica a su pecho de manera a posar su mejilla sobre la mejilla de Candice. —Por nada… —Respondió de una manera suave depositando un pequeño beso sobre el rostro de la muchacha aferrando su cuerpo contra él. No querÃa discutir, no era lo que necesitaba en ese momento. Solo querÃa aprovechar ese momento, mañana ya no serÃa asà y él lo sabÃa. —Me fascina tu piel. —Susurró por último y con seguridad sobre su oÃdo izquierdo.
Detuvo sus acciones ante la falta de respuesta y cerró sus ojos con la intención de contar hasta diez y serenarse. El hecho de que no tuviera una razón especÃfica hacÃa que la rubia pensara que no era más que sexo para él, más allá de las dulces palabras que le habÃa dedicado en otras ocasiones. No podÃa culparlo por ello, deberÃa sentirse afortunada de al menos poder compartir cama con el joven. Era mucho más de lo que jamás habÃa pensado. Con ese pensamiento en mente, se obligó a sà misma a sonreÃr. No se opuso a la cercanÃa entre sus cuerpos, por el contrario tomó las manos del muchacho y las colocó en torno a su cintura en un delicado abrazo—. Y a mi me fascinas, a secas —replicó, en un tono bajo. Se volvió hacia él para dejar un pequeño beso sobre su mejilla.














