Día 32 – La hora de la Verdad
La clase de despedida, esta clase se evaluaron todos nuestros aprendizajes adquiridos a lo largo del semestre, pues si lo aprendiste serías capaz de realizar las actividades del día, de otro modo, ibas a fracasar muy seguido, o no tendrías una noción de qué hacías exactamente ahí.
Se inicia con la actividad de recorrer el camino sin una meta, por velocidades, del 0 al 6, es así como cada vez que quedábamos en 0, hacíamos la actividad-prueba, pero esta vez se realizaba el conteo de 1 al 10, agilizando la evaluación. Al ir avanzando, se llegó a la dificultad donde nos cubríamos los ojos, y se apagaban las luces, como en clases anteriores, por lo que no hay nada nuevo que decir. Al concluir con esta parte, y con las luces apagadas y los ojos vendados, se terminó con el docente diciendo: “Cero!”, posteriormente, se dio la instrucción de sentarnos lentamente en el suelo, en la posición más cómoda posible, y como condición: que nadie nos estorbara. Para así relajar cada músculo que posee nuestro cuerpo.
Una vez realizado todo esto, se dio la indicación de pensar en 2 sinceridades que hayan sido parteaguas en nuestra vida, y que, de ser posible, voluntaria o involuntariamente, no hayamos aceptado hasta ese punto de nuestras vidas. Aquello que nunca le dijimos a nadie, incluso, a nosotros mismos.
Al llegar a este punto, yo jamás había pensado en aquello que ha sido parte importante en mi forma de ser, y mis decisiones. Honestamente, cerré los ojos, y no me podía concentrar, fue hasta que reflexioné cómo había llegado hasta este punto de mi vida, ahí salió todo, vinieron a mí, 2 recuerdos que tanto inconsciente, como conscientemente, me han marcado.
Después de un tiempo, nos asignó la misión de: ir con 2 o 3 desconocidos y contarles en lo que habíamos pensado, una vez cumplida, debíamos ir al salón 211. De este modo, descalzos porque todas las clases ahí son quitándonos el calzado, nos llevó vendados a un lugar poco alejado de la Facultad de Artes. Poco después nos pidió quitarnos las vendas y resultó que estábamos en la Facultad de enseguida: Ciencias de la Salud.
Estos individuos que encontré, pertenecían a la carrera de Psicología, y pensé: “Vaya, mínimo creo que me entenderán”. Y así fue, pues al momento de mi llegada con estos 2 individuos, ellos reían, tenían hora libre. Cuando les conté, pusieron suma atención, y en ningún momento sentí que me hicieran de menos, incluso, fue hasta que me retiraba cuando notaron que estaba descalzo. Solo me dieron una palmada en la mano y me dijeron: “Descuida el día aún no acaba”.
Una vez llegando al salón, entre compañeros, compartimos las reacciones de la gente que nos escuchó. Yo personalmente no quise decir nada, en realidad, no tendría mucho que decir, puesto que había compañeros que tuvieron resultados más interesantes. Aunque, algo curioso pasó, el Maestro a pesar de en todo momento insistir que guardáramos en privado nuestros pensamientos, porque a él “realmente no le importan”, ese momento volteó a vernos, con cierta curiosidad podría hasta decir, y mencionó 6 palabras: “Gente… qué fue lo que dijeron”, esto, inmediatamente causó un shock al grupo (¿A mí no me sorprendió, por más loco que parezca, como que ya lo veía venir, digo… pasar 1 semestre con él?, cómo no verlo.). Hubo un “Tasset” grupal, luego de 2 minutos de silencio, que parecieron eternos… alguien habló, y, aun así, fueron pocos quienes, por voluntad, quisieron hablar-exponerse. Fue así como después de un tiempo, el Maestro dijo: “Bueno, por orden será”, y comenzaron a ir en dirección a las manecillas del reloj. Hasta terminar.
Para concluir, quiero decir:
“Honestamente, con el paso de este semestre, pude “descubrir” muchas cosas, pues ya estaban ahí, pero como el Maestro decía: “Para avanzar, hay que quitarse la mierda que se nos ha generado por la sociedad en la que vivimos”. Y, a decir verdad, tenía toda la razón, pues, hay muchas cosas que generalizamos, o damos por hecho y nos hace ignorantes. Es así como a través de cada clase, fui quitando prejuicios en el arte, pues antes de Procesos Creativos, era de los que pensaban que “La Música contemporánea” era lo peor del mundo, sin embargo, a lo largo del Semestre aprendí a escuchar, a contemplar, y analizar a fondo aquello que es arte. Luego entonces, comprendí que, si hay música contemporánea mala, pero, así como hay obras clasicistas malas o que ya no son populares, las hay en esta época, son solo altibajos que sufren las épocas.”
Al final, quién sabe, a lo mejor, lees esto y dices: “…¿Chorizo?”












