Fue el 13 de febrero del 2026.
Ya pasaron unos meses después de una fecha que esperábamos con mucha emoción mi hija y yo. Un año antes encontramos que My Chemical Romance anunciaba fecha para México, años atrás en una plática entre padre e hija quedamos que si está banda anunciaba concierto iríamos si o si. La fecha llegó, anunció la preventa, estuvimos listos para comprar las entradas, se logró, ahora solo faltaba que llegara el día.
Muchas cosas cambiaron desde ese día, pero la promesa seguía intacta, ella se fue a estudiar a otro estado. Sabíamos que el 2026 sería un año diferente a lo que habíamos conocido y vivido, pero siempre con optimismo.
Después de un viaje por carretera hacia la ciudad de México, donde si, llegamos cansados, molidos, mal dormidos, entumidos y todo aquello que se siente después de viajar toda la noche en un autobus por fin estábamos en el lugar donde escuchariamos a MCR junto con otros 65 mil personas.
Entramos temprano, queríamos ver la merch y comprar lo que para nosotros se ha vuelto una tradición, un hoodie o mínimo una camiseta del concierto. Una vez con las compras hechas nos adentramos al estadio a esperar que el reloj marcara el inicio del show.
Pero primero más música de los Hives. (Chiste nacido el 13 de febrero)
El show inició puntual, las luces se apagaron y el escenario se encendió, al principio no sabía si alguien más sentía el mismo tipo de emoción que yo, después de la primera canción no me quedó duda. Ver la cara de mi hija con esa emoción tan grande, con los ojos inundados, sus gritos y cantar con todas sus fuerzas uno de los álbumes que más sonaron en su cuarto cuando era más pequeña es una imagen que no quisiera jamás olvidar.
Disfrutamos mucho el show, olvidamos que veníamos de un viaje largo, hubo que canciones que en ese momento significaron más e incluso dolían como no creímos que pudieran doler, todas y cada una las disfrutamos como nunca. No importaba estar rodeado de extraños, en ese momento por cursi que suene éramos una generación que como adultos que éramos la mayoría nos cuidamos entre nosotros sin decir nada.
Aún faltaban 6 días para mi cumpleaños y mi hija no iba a poder estar en la ciudad, pero lo que no sabe es que me regaló una de las experiencias más bonitas de toda mi vida, y fue justo cuando me abrazo en el concierto y me dijo, gracias por traerme.
No quiero ponerme muy cursi ni sensible, pero si tienen oportunidad de compartir algo similar con sus hijas, hijos, hermanos, hermanas, padres o madres, les recomiendo ampliamente no perdersela. El concierto duró dos horas, el recuerdo que nació esa noche nos sigue y seguirá acompañando por largo tiempo.















