¡Pimplar el pasado es lo nuestro!
El tiempo ha desencadenado encuentros que redoblan infortunios con los nervios literatos.
Se le arrancaron plumas a los cuervos para escribir con sangre propia un cuento y darle vida a esta historia de naufragios que posiblemente en un futuro cercano nadie querrá narrar.
“Escribe con el alma, Charly.” — Siempre me decían.
— Que te cueste la vida y se profundice como letanía si es necesario.
Que quede claro que por un breve momento, antes del trueno siempre azota el rayo.
Escríbelo, Charly. Registra todo lo que no distinguen los ojos e ignoran los oídos. — Solían murmurar casi siempre tras las paredes sollozando en apolilladas almohadas. Sin dar un minuto de paz. Pellizcándome los pasos y arrojándome colillas de los cigarrillos que fumaban.
Porque sí, casi nunca se abrazan y mejor ni hablar de los halagos. Ya no basta con admirar la humeante y absurda verdad que bajo las teclas de mis textos hasta me hacen tropezar con las comillas opacadas por cenizas. Sin que todas las cosas malas y las noches largas se quieran desaparecer.
Porque casi siempre es más bello el solo querer tener algo que poseerlo. Siempre es más bello porque no paramos de intentar.
Sabemos desde siempre que los padres entregan a los hijos en la puerta del colegio y que algunas veces con el viento los asusta el diablo.
— ¡Cuéntales a todos, Charly! ¡Escribe, escribe mucho! — Me gritaron desde el ventanal de prefectura. Donde el decano subía las calificaciones siendo este el equivalente a los centímetros que les alzaba a las faldas dobladuras.
Nos tejieron en el alma el alza de los precios y cuanto más crecimos nos dijeron que el futuro es ahora y que el mundo no tardaba en reventar.
Que nada se quedaría como lo conocemos. Que nadie se salvará. Ni bajo el sol o la impredecible luz de luna. Ahí donde las cicatrices nos perforaron una y otra vez y sin pensarlo, nos bordaron el pasado en la espalda obligándonos a compartirle a los nuestros este truco de muecas y costuras. — Escríbelo para que no nos juzguen, Charly. Escríbelo antes de que sea tarde o peor aún, que no regresen por nosotros y que con el tiempo nos olviden. — Recuerdo me decían y, pensé. ¡A todos nos olvidan! ¡A algunos con despojo y a otros con decencia! Nos basta con un soplido fijo para derrocar un delicado carácter de papel.
Hoy los hombres no son hombres y las mujeres mercancía. — ¡Escríbelo ya, Charly! ¡Hazlo por los que lo vimos todo! ¡Hazlo por las doctrinas que jamás pedimos y nos incrustaron de rodillas! ¡Las que no quisimos y nos obligaron a creer!
— Así culmino. Esto de escribir es un vicio íngrimo. Locos ya estamos y de alguna manera las ideas tienen que salir. No es mi culpa ser amante de este trabajo de extrañas fachas. Solo necesito ver cenizas, un vaso y rara vez las fotografías. Con el tiempo me quedó claro que mejor opción es marcar el cuerpo que torturarnos el alma con fino laxo. Dando duro con cincel al corazón. Sin duda alguna, hoy no es el fin del mundo y sin embargo, la vida tampoco continúa.
— ¡Cuéntaselos ya! Escribe sobre todo lo que vimos, sobre todo lo que vivimos y lo mucho que nos faltó vivir.
Escribe. Escribe mucho, Charly. Para vernos pronto. Para darnos vida. Para compartir la tristeza y la frágil alegría.
Quítanos el puto punto y seguido y para ya de "encomillarnos" para molturar la angustia. Clávanos con fuerza y sin rencores el maldito punto final.
Escríbelo. Tal cual. Inmortalízalo y si tienes un poco de suerte, muérete.
(foto y texto hechos en mayo del 2005)