— Yo estoy preparada, ¿y tú?—Preguntó, soltando una risa cantarina. Claro que ella rebasaba la edad de Declan, pero no le importaba. Le dedicó una sonrisa, sintiéndose bien tener a Declan a su lado. Tenía miedo a diario por él, sin embargo, el permanecer aquí era decisión suya nada más—. Bueno, no te lo recomiendo—bromeó—, pero, todo es intenso, ¿sabes? Tus sentimientos, tus vivencias, los aromas. Tienes esfuerza y olvidas ciertas cosas humanas, como comer o que alguna vez te enfermarás. Tienes sed la mayor parte del tiempo—esperaba entendiera que se refería a la sangre—. Lo que me gusta de esto es que ya no me siento vulnerable—admitió, al menos ahora contaba con algo con lo cual podría defenderse—. Lo que diga el chef—dejó que él se hiciera cargo mientras ella sacaba una botella de vino.
—¿Deberíamos intentarlo?—Preguntó mirando a Camille y luego se soltó a reír. —Sí, creo saber porque me lo recomiendas—Apretó los labios en una mueca mirando a su prima.—No suena tan grandioso como lo hacen ver. Suena más a una clase de castigo—Fue sincero con lo que pensó.—No lo merecías Cam—La vida de su prima no debía ser de esa forma, pero al mismo tiempo, también era lo que le había revivido.—¿No hay nada que pueda revertir eso?—Preguntó con curiosidad, Camille sabía de este mundo más que él. —No te ves vulnerable—Afirmó con una sonrisa.—Y te sienta bien—Agregó. Declan puso cada detalle en el plato, lo decoró de la forma más elegante que se le ocurrió.—Creo que está listo.—Colocó el plato en el lado de Camille.