aprieta sus labios, casi derrotado, él está algo acostumbrado a ese ritmo y energía siempre al máximo. “todo lo que sube baja, a las tres como mucho está muerta” predice, porque la conoce, aún cuando ella a veces llega a pensar lo peor (con motivos de sobra), sabe. “ni idea, a ella… el tipo le cae bien, me preocupa que en cualquier momento me hable con alguna expresión española o quién sabe” encoge sus hombros, habla con gracia pero sin poder esconder el recelo, él sólo le conoce a través de encuentros que van desde tensos hasta directamente violentos, pero eso fue en una única ocasión y sin sobriedad encima de su parte. “sí, cuando no sabía escribir me pedía que lo escriba yo y ponía cosas como… no sé, aprender a contar, comprarse un vestido, es gracioso” comenta, con una sacudida de cabeza, la verdad es que no sabría distinguir de dónde heredó personalidad, quizá de nadie, la forjó a la fuerza, queriendo desligarse de lo que tenía cerca: caos. “terminar el patito feo, cosas así” se acuerda, dando un último sorbo a la cerveza para dejarla vacía a un costado, cerca de su pie. se ríe pero sin ganas, y se asegura que no estén los oídos de la menor cerca. “no voy a dejar de ser un drogadicto porque lo escriba en un maldito papel, jun” sinceridad letal, amarga, pone los ojos en blanco. pero más importante: sería mentirse, escribir en el aire, inventarse, engañarse porque no desea dejar de serlo, quizá eso es lo peor, que ni siquiera puede cumplir ese requisito inicial que te piden en cualquier círculo de adictos que buscan algún tipo de salvación: querer ser salvado. le alcanzan los dedos de una de sus manos para contar hace cuántos días tuvo una última dosis de algún estupefaciente que le duerma un poco la cabeza. pero en esos lugares todos parecen tener el mismo discurso, las drogas te arruinan el cerebro y a algunos dejarlas les hace peor, detesta el clima de auto lástima, de creerse mártires, de inocencia, ya estuvo ahí y no sirvió así que volver a intentarlo es querer destinarse al fracaso. se remueve en su lugar y, luego, se rasca la nariz con el dorso de la mano, quejoso del toque sobre su mejilla. se queda unos segundos pensando, la única preocupación que puede llegar a tener es que alguna vez sea su hija la que escriba ese deseo. traga saliva, negando, de vuelta a conversación, a realidad. “no suena mal, en realidad” o por lo menos no le es extraño ni ajeno, pero él es otro extremo quizá. “¿en el campo? te veo” se carcajea un poco, con las cejas en alto ante la duda, a la cual le da como réplica un bufido. “¿por qué lo pones en duda? hombre, si aprende a tomar el micro o alguna cosa sola, seguro te cae de sorpresa la muy desgraciada” sacude la cabeza, sin dudar siquiera un segundo en aquel escenario. “¿para tenerla de casa de vez en cuando o te ves viviendo en el campo de forma permanente?” indaga entonces, le parece un tópico mucho más favorable que el de él.
la risa escapa sin mayores problemas, con un impulso tal que su cabeza se echa hacia atrás, su mirada perdiéndose por segundos en los fuegos en el cielo, en los colores. y continúa de esa forma cuando el miedo de elias se asienta en su cabeza, una pregunta en la punta de su lengua. “¿no te da celos?” que es un reflejo de sí mismo, de lo egoísta que es muchas veces con las personas que le importan. de allí también a que tanto tiempo se haya mantenido alejado de cualquier enlace emocional a otro. “suenan como planes idóneos para ella. me da curiosidad, ahora, lo que espera para este año” si es que puede acompañarla a ver cómo los logra porque lo hará. y está a punto de decir eso, de expresarlo cuando las siguientes palabras llegan y se sienten como un puñetazo en la cara. su ceño se frunce y su mirada se posa en el otro. cuida que lonnie no esté cerca y aún si quiere gritarle, su voz no es más que un murmullo. “¿y quién mierda habló algo sobre eso? tú — ¿qué imagen tienes de mí que crees que voy a andar por aquí dándote lecciones de vida? no soy así. y tú no eres así de ingenuo. cuando quieras dejar de serlo, hazlo, y que no sea porque se te ocurrió escribirlo en un papel y a ver qué sucede. que sea porque es lo que te mueve” espeta, porque cree que nunca ha hecho de un gran lío los actos que elias hace hacia sí mismo. “mira —” dice, suspirando. “yo no soy nadie para decirte qué hacer y qué no hacer con tu vida, mucho menos cuando no me has pedido mi opinión y créeme no voy a comenzar hoy. tú lista puede tener lo que quieras. ¿qué pasa con llevar a lonnie al parque? ¿comprarle un nuevo vestido? puede ser la cosa más estúpida que se te ocurra. no es necesario ir con los temas serios si no es lo que quieres” si en medio se ha cruzado de brazos a la altura de su pecho, es solo para que el otro no vea la forma en que sus puños se han apretado. ni siquiera sabe por qué está haciendo de esto un gran asunto, piensa. cree que se debe porque pensó que elias no le vería así, como alguien que le juzga o que busca cambiarlo. y si eso pica su garganta, también lo está ignorando. vuelve a la conversación luego de unos momentos, cuando echa el tema al fondo de su mente, la imagen de la propiedad en shabbona. “está a solo una hora y media de aquí de chicago. el bus pasa por fuera y es bastante tranquilo” porque con la idea en mente no había tardado en ir a verla. “pero winona también tendrá que estar de acuerdo con que lonnie vaya, ¿no?” no le gustaría pasar sobre ella después de todo. “yo — la verdad no lo sé. hablé con mi jefa y me dijo que puedo mantener mi trabajo, que podemos hacer un arreglo. ¿quizá dejarla para cuando me sienta abrumado? ¿cuándo necesite arrancar de mí mismo? — me da un poco de susto el que solo lo esté haciendo porque quiero escapar” cuando en realidad todo lo que sucede es en su interior. “alew se fue pero me dejó muchos vallas que superar” qué idiota.