Querida Ansiedad,
No sé por qué te escribo, pero siento que es algo que necesito hacer. Tal vez al sacar estas palabras de mi mente y volcarlas aquí, logre que tu peso sea un poco más llevadero.
Has estado conmigo tanto tiempo que a veces no sé quién soy sin vos. Me despierto y ahí estás, esperando el momento para recordarme todo lo que podría salir mal. Durante el día me seguís de cerca, llenando cada rincón de mis pensamientos con dudas y temores. Y cuando llega la noche, incluso en mi agotamiento, no me dejás descansar. Te quedás ahí, persistente, alimentando una corriente interminable de inquietudes.
Sos una presencia que no puedo ignorar, por más que lo intente. A veces sos un peso inmenso que me impide avanzar, otras, una voz constante que me susurra que nada será suficiente. Me hacés dudar de todo: de mis decisiones, de mis capacidades, incluso de mi propio valor.
He intentado comprenderte, dialogar con vos, pero siempre encuentro incertidumbre. He tratado de enfrentarte, pero a menudo siento que la lucha me deja vacío, como si me fueras robando pedazos de lo que soy.
Sin embargo, quiero que sepas algo. Aunque hoy me sienta pequeño frente a tu fuerza, no voy a rendirme. Hay personas que me quieren, razones para seguir adelante y momentos de paz que todavía quiero recuperar. No quiero que seas quien defina mi vida.
No sé cuánto más estarás conmigo, pero voy a resistir. Incluso en los días más oscuros, tengo claro que merezco algo mejor que esta constante batalla. No voy a dejar que me robes el futuro que quiero construir.
Esta carta no es un acto de derrota, es una declaración. Aunque hoy te sientas poderosa, no olvides que sigo acá. Y seguiré.
Con determinación, Yo
Chummbeat.










