El Arte de disfrutar de los Pequeños momentos
El Arte de disfrutar de los Pequeños momentos
La gente joven tiende a invertir mucho tiempo y esfuerzo en descubrir, planificar y desarrollar actividades que suponen como parte de su propósito de vida; sin embargo, en la ansiedad por alcanzar metas que los guíen a nuevos horizontes; en el afán por obtener logros profesionales, económicos o personales con los cuales puedan ser definidos como personas exitosas, tienden a dejar pasar esos pequeños detalles que también forman parte de la vida y que muchas veces aunque parezcan insignificantes pueden ser únicos e irrepetibles, por lo cual bien merece la pena disfrutarlos a plenitud.
Al llegar a la madurez de la vida, la persona sufre un progresivo cambio de perspectiva que en ocasiones pueden hacerle lamentar algunas decisiones del pasado que le impidieron gozar de esas pequeñas cosas. Algunas tan cotidianas como un bello amanecer, el esplendor de una flor, un relajado descanso en un viejo sofá de la casa, adisfrutar de un rico café o un almuerzo en compañía de las personas que amas. Otras tan trascendentales como la primera actuación de tu hijo en el colegio, sus primeros pasos, estar ahí para los padres ancianos cuando nos necesiten; generalmente suelen subestimarse, postergarse y cuando la persona se percata simplemente es muy tarde para volver a vivirlas.
En relación a esto, una célebre frase de Frederich Nietzsche dice: “La madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños”. Por eso, los mayores aprender a vivir sus días sin presiones, a valorar cada momento que pasa como parte de la última etapa de sus vidas. Es el momento ideal para disfrutar de los nietos, consentirlos y reír con ellos. Cuidar las mascotas, emprender pequeños proyectos caseros, compartir las experiencias vividas, dar sabios consejos en situaciones difíciles. En contraste, la juventud busca aceleradamente la experiencia, normalmente no valora la orientación de quienes han vivido, quiere probar sus propios métodos sin importar las consecuencias, aunque estas puedan ser dolorosas e implicar un gran costo emocional o económico.
Para quienes no desean llegar a una etapa de madurez lamentándose de los espacios cedidos en el pasado, quizás el elemento clave sea el equilibrio, establecer un balance personal que nos permita desarrollarnos de manera integral, emprender de manera simultánea los sueños personales, profesionales y económicos; al tiempo que nos damos permisos para disfrutar esos pequeños detalles que alimentaran nuestro mundo espiritual, ayudándonos a crecer, reflexionar y compartir con otros. Esas son las cosas que nos ayudan a ser mejores seres humanos, vivir plenos, dichosos, alegres; sentirnos afortunados de estar vivos y tratar de hacer lo mejor posible con esta única y particular experiencia que es la existencia humana.
Vivimos en un planeta único, con seres especiales que son nuestros semejantes; tenemos la oportunidad de viajar, disfrutar de la naturaleza, amar a las personas, hacer amigos, conocer nuevas culturas, o simplemente empezar a valorar los detalles de nuestro entorno cotidiano, los cuales aunque nos parezcan corrientes son una realidad totalmente diferente a la que puede estar viviendo otra persona al otro lado del mundo. Son parte de una experiencia única de vida y como tal tenemos que estimarlos.
Por tanto, cualquiera sea la situación que nos corresponda vivir siempre tendremos la oportunidad de compartir momentos y lugares especiales que no debemos dejar pasar. Aprendamos a disfrutar y compartir las pequeñas cosas, ningún título, carrera, logro o éxito profesional, puede ser un impedimento para obviar lo más importante, nuestro entorno íntimo. Al final, puede que las empresas decaigan o permanezcan, puede que el éxito obtenido trascienda o se apague, que el dinero logrado se pierda o se multiplique, pero en realidad lo que importa, lo que permanece, las cosas por las que seremos recordados serán aquellas que hemos podido disfrutar con los más cercanos, familia, amigos y pareja, ahí es donde se encuentran los más pequeños y gratificantes momentos de la vida.








