Entrevista a Giulia, productora de moda.
Giulia es una productora de moda emergente de 25 años, egresada de la Universidad de Palermo, que se destaca por su capacidad para construir narrativas visuales potentes y conceptuales. Trabaja en producciones fotográficas para marcas y revistas, donde combina sensibilidad estética con una mirada audaz que busca romper con lo convencional. Participa activamente en desfiles de moda de marcas como Plegaria y Kosiuko, donde impulsa propuestas que apuestan por el impacto visual y la coherencia entre idea y forma. Su enfoque parte de entender la producción de moda como un lenguaje visual capaz de comunicar emociones, ideas y posturas críticas. Su trabajo dialoga directamente con la temática del blog, la disrupción como lenguaje visual, ya que explora imágenes que desafían los códigos tradicionales de belleza y utiliza la incomodidad, la ironía y el contraste como recursos para provocar reflexión y generar nuevas lecturas dentro del universo de la moda contemporánea. Entrevista La disrupción como lenguaje visual
En tu trabajo como productora, cómo transformás una idea en una imagen concreta? Depende mucho del proyecto, pero en general empiezo por una sensación o una palabra clave. A partir de eso construyo un universo visual: referencias, texturas, colores, gestos. Me gusta pensar que una imagen no se arma solo con la ropa, sino con todo lo que la rodea —la luz, el movimiento, la actitud. Mi objetivo es que el concepto se sienta, no solo que se vea.
Pensás que lo disruptivo comunica por sí mismo o necesita contexto para ser comprendido? Creo que puede comunicar por sí mismo, pero el contexto amplifica el mensaje. A veces una imagen es tan fuerte que genera una reacción inmediata, aunque no se entienda del todo. Me interesa ese punto: cuando algo te incomoda y no sabés bien por qué. Ahí empieza la comunicación.
Hay riesgo de que se malinterprete una imagen como provocadora o un mensaje contrario? Siempre hay riesgo, pero me parece que es parte del juego. Una imagen que no genera ambigüedad probablemente tampoco genere interés. Prefiero que provoque algo, aunque no sea lo que esperaba, antes que pase desapercibida. Lo importante es que haya intención detrás.
Qué recursos visuales usás para generar disrupción? Trabajo mucho con el contraste: de estilos, de texturas, de actitudes. Me gusta mezclar lo pulido con lo crudo, lo artificial con lo natural. También uso el humor o la ironía como herramientas visuales; a veces algo exagerado o fuera de lugar puede decir más que una imagen “correcta”.
Creés que lo disruptivo sigue siendo una herramienta de rebeldía o ya se volvió parte del sistema de la moda? Las dos cosas. La moda tiene una gran capacidad de absorber lo que antes era rebelde y volverlo tendencia. Pero creo que siempre hay espacio para la disrupción auténtica, la que no busca solo destacar sino cuestionar. Lo disruptivo sigue siendo rebelde cuando nace de una idea real, no de la búsqueda de impacto.
Cómo reacciona el público o los clientes ante una propuesta visual de ese tipo? Depende. Algunos se entusiasman porque sienten que hay algo distinto, otros se asustan un poco. Pero con el tiempo entendí que eso también comunica: si una imagen genera reacción, significa que tocó algo. Y ese es el punto de partida ideal.
Si tuvieras que definir tu propio lenguaje visual, qué lugar ocupa la disrupción en él? La disrupción está en el centro. No como una forma de romper por romper, sino como una forma de decir desde otro lugar. Me gusta pensar que mi lenguaje visual se construye entre la belleza y el caos, entre lo que incomoda y lo que atrae. Esa tensión es lo que más me representa.













