Creo que nunca he tenido la oportunidad de decirte por qué me encantas tanto, el porqué me atraes de esta manera tan intensa, tan real o tal vez sí la he tenido, pero no la he aprovechado como debería. La realidad es que a veces es inexplicable porque tú significas tanto para mí que es casi imposible ponerlo en palabras, pero va, lo voy a intentar.
Me gusta que eres crudo y que hablas sin rodeos, sin pelos en la lengua, que dices siempre las cosas como son; me gusta que aunque eres crudo, y tienes un carácter de la chingada, a mí siempre me tratas bien, me gusta que te preocupes por mí, que me llamas por nombres bonitos, me gusta tu personalidad, la forma en que sabes exactamente de qué hablo sin yo tener que explicártelo, y todo esto es apenas la punta del iceberg, porque aún ni siquiera he hablado de cómo me fascina tu voz, tu risa y tu sonrisa, la forma en que tienes los ojos achinados y tus cejas, pero, lo que más me encanta de ti, es que contigo puedo ser yo misma, sin miedo de que me juzgues, me gusta que me gustes tanto porque eso solo es prueba de que el amor en el que he creído desde niña es real.
Que me gustes de esta manera, me aterra porque me puedes destruir si así tú lo quisieras, pero yo te conozco tan bien que sé que jamás lo harías. ¿Sabes también qué me gusta de ti? que sin darte cuenta tú siempre mejoras mi día y me das la valentía que la mayor parte del tiempo me falta.
No sé si vas a volver, no sé si ese fue nuestro adiós, de cualquier manera yo espero que tú sepas que, como te amo, no he amado a nadie, y que yo por ti haría cualquier cosa, Andrés.












