Yo, que creía que era dura como el metal, inamovible cuál monumento milenario, valiente como el León rey de la manada...de repente, todo se puso en juego, hubo un León más fuerte que yo, que reclamo todo lo que era mío y aún más, sembró miedos, enraizó oscuridad e hizo crecer vacíos inllenables. Siempre pensé que todo lo podía sola, porque siempre así fue. Siempre así estuve.
Hasta que un día no pude más, pero tampoco estuve más sola, los lugares donde había solo oscuridad se llenaron de sol y colores, los miedos son parte de lo que cada día me hace más fuerte, y los vacíos, se llenaron de espacios en dónde al fin me siento segura, me siento bienvenida, en dónde hay animales para jugar, cenas ricas para disfrutar rodeada de gente que realmente me hace sentir querida, hay risas, compañía...hay algo que no había sentido nunca. Hogar.
Y nunca, jamás voy a dejar de estar agradecida.
Yo sé quiénes anhelan mi bienestar, quienes velan por mi salud, y quienes me aman aún con todo lo que soy, que es mucho para decir. Pero también sé, quien nunca lo hizo aún siendo su deber, aún siendo de mi propia sangre. Y se que voy a salir adelante, aún así me caiga y me tengan que levantar mil veces. Pero también se, a quien nunca le voy a tender la mía.














