Desde que Rin le había herido profundamente, buscaba refugio en la compresión y empatía amable de Makoto. Sin embargo, jamás buscó sustituir al pelirrojo, porque Makoto se volvió en una parte sustancial de su existencia, recobrando parte de su personalidad y ésta con su ayuda. En otras palabras, él era su pilar de apoyo; prácticamente casi todo.
Ante la súbita emoción casi vespertina de los hermanos gemelos, Haru pegó por igual un respingo que le causó mareo al despertarse de repente. Miró atontado al par de niños, recobrando parte de la serenidad cuando escuchó a Makoto pronunciar un par de palabras. ¡Cierto! Descendió un poco la mirada, completamente apenado, tras haberle dedicado una mirada —Lo siento, no fue mi intención. Quizá si estaba bastante cansado —aclaró, rascándose la nuca, queriendo no parecer un tonto.
Al escucharle decir que todo eso era enorme, finalmente se percató que habían llegado al destino. Desde su ventana no se podía ver, por lo que se acercó a Makoto para apreciar el parque de atracciones desde ésta —Tienes razón. ¿Habrán muchas atracciones acuáticas? —viró el rostro hacia Makoto, sonriendo ligeramente cuando hace segundos expresó asombro. Era inusual en él, un cambio grandioso. Y ni hablar de la excesiva reducción de distancia entre ambos—. ¿Qué visitaremos primero?
— No te preocupes, no pasa nada. — Tenerle tan cerca no era ninguna molestia, Makoto se sentía más que cómodo al lado de Haru, y sin embargo, su corazón latió aún más rápido que en el momento en que vio el parque de diversiones. Ver ese cambio de expresiones tan radicales en el pelinegro le llenaba de un gozo inigualable porque era prueba concreta de que Haru estaba emocionado, emocionado por una experiencia que compartiría con su persona, y eso hacía su corazón rebozar de alegría.
— ¡Estoy seguro que sí! ¿No es genial, Haru? — Comentó alegremente, volteando a encarar al pelinegro y mostrando una jovial sonrisa. Ran y Ren mientras tanto saltaban de un lado a otro, incluso pasaron por encima de los asientos para ir hasta el asiento del copiloto y abrazar a su madre y padre en medio de sus vitoreos. — Primero deberíamos ir a las demás atracciones y después a las acuáticas. Sé que querrás pasar todo el día ahí pero sería bueno ver el resto del parque ¿No? — Los padres del castaño rieron un poco, anunciando entonces una sorpresa. Se quedarían ese día en el hotel de Disneyland y al día siguiente en la tarde ya irían a hacer lo que realmente habían ido a hacer hasta Tokyo.
Una habitación para ellos y los niños y otra para Haru y Makoto porque claro, eso no debía ser ningún problema. — ¿En serio? ¿Oíste eso? ¡Tendremos más tiempo para ver todo el parque! — No pasó mucho hasta que estacionaron y avanzaron por el parque a la recepción donde les dieron las tarjetas que servían como llaves para las habitaciones, así como los boletos para entrar al parque.















