Pablo Gorlero: Señor teatro
El crítico e investigador teatral habla sobre su primer contacto con el teatro, su pasión por el musical, la militancia heredada de sus padres y una infancia tensionada entre la crudeza de la dictadura y su feliz mundo de juegos.
"Siempre presté mucha atención al tránsito entre la niñez y la adolescencia. Tuve una niñez muy linda en una época en la que mataban gente. Para mí fue un contraste muy grosso y presté mucha atención a eso de chico. Pensaba: ¿por qué lo que vivo al jugar en la calle contento y feliz es tan lindo y a la vez pasa esto otro tan feo? En mi paso de la niñez a la juventud no quería perder mi imaginación ni mi reflexión".
-No es normal ser consciente de que estás perdiendo la niñez.
-No, sé que no es normal. Yo no soy muy normal.
Aunque insiste en que esa capacidad de reflexión no lo vuelve especial, alcanza con saber que Pablo Gorlero -periodista, crítico teatral y personalidad destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires por su difusión de las artes escénicas- creó un blog en el que escribía como si fuese su perro Francisco. "Al principio lo iba actualizando casi a diario. Se empezó a generar una suerte de público que lo seguía y empezó a tener un montón de seguidores, y hasta tuvo un premio internacional. Cuando mi perro empezó a enfermar, lo dejé".Hoy, y con ese blog como disparador, está terminando de escribir el que será su primer libro de ficción, la novela "Diario de un perro sabio", que tiene como protagonista a su mascota, fallecida en enero de este año. Al mismo tiempo, está dirigiendo su primera obra teatral infantil, "Señor Imaginación". La normalidad no es lo suyo y parece no haber perdido su imaginario ni su inventiva.
Gorlero nació en 1966, cuatro meses después de que Juan Carlos Onganía asumiera la presidencia de facto de la Argentina. Durante su infancia y adolescencia su mayor ilusión fue ser veterinario. Estudió dos años y abandonó la carrera. Muchos dicen que al periodismo se llega por casualidad y su caso ilustra esa teoría. Entró a trabajar en la parte gráfica del diario La Prensa a los 18 años por intermedio de un familiar. Así, casi sin querer, encontró su vocación. Hoy, luego de estudiar Comunicación Social y de haber pasado por medios como La Razón, Perfil y Semanario, es editor de la sección Espectáculos del diario La Nación y responsable del área Teatro, disciplina que marcó el rumbo de su carrera. "Tengo una formación más empírica que académica", asegura. Vivió su infancia en Corrientes y Talcahuano, demasiado cerca de la avenida teatral como para ignorarla.
"Desde los 15 hasta los 22 años estudié actuación. Pasé por distintas escuelas y maestros, entre ellos Pepe Cibrián y Rául Serrano. Empezó como una tarea exploratoria. A mí me preguntaban si quería ser actor y yo siempre titubeaba. No sabía qué responder porque no estaba seguro. Disfrutaba mucho de las clases pero no disfrutaba tanto del momento de subirme al escenario", cuenta. Quizás el respeto y el amor por el teatro hicieron que se convirtiera en investigador en lugar de actor. Quizás su imaginación y poder de reflexión -ese que le permitía sentir cómo su niñez se iba para dejar entrar la adultez- fue lo que hizo que se transformara en un crítico teatral criterioso pero también sensible.
-¿Te acordás cuál fue la primera obra de teatro que viste?
-No, pero te puedo decir la primera de la que tengo uso de razón de haber visto. Seguro vi otras antes y no me acuerdo. Se llamaba "La Jirafita Azul". Yo tenía cuatro años. Fue en el teatro General San Martín, era una obra de Roberto Aulés y Liliana Paz, un musical para chicos. Me acuerdo flashes. Mis papás me llevaban mucho a ver teatro, por eso seguramente previo a esa hubo otras que no recuerdo. Me llevo diez años con mi hermana, por lo que tuve una infancia de hijo único.
-¿Y la primera que elegiste y pagaste vos?
-"El diluvio que viene", en 1981. Consumía mucho teatro de chico y después empecé a entrar en la taradez adolescente y no le di más bola, pero me gustaba. A los 15 años empecé a estudiar teatro pero no veía tanto, no veía nada. Sin embargo había un interés. Me acuerdo de que una compañera de la secundaria me dijo que había ido a ver "El diluvio que viene" y no sé cómo la habrá vendido que me dieron ganas de verla. Yo recordaba haber visto algún pedacito en uno de esos programas de tele de la época. Me pagué la entrada y fui. Animaba fiestas para chicos así que me ganaba mis manguitos. La obra me encantó; a partir de entonces me enamoré de la comedia musical y, en consecuencia, del teatro en general. Desde ese momento no paré de ver cosas. Me acuerdo que en los 80, con el regreso la democracia, empezaron a aparecer muchísimas obras de teatro independiente e iba a ver todo, absolutamente todo. A veces veía hasta dos por día.
La vuelta de la democracia no sólo significó un mundo nuevo de alternativas teatrales. "Siempre fui muy consciente de lo político", asegura Gorlero. "Esa ideología creo que me diferenciaba un poco del resto de mis compañeros de la misma edad. La llegada de la democracia fue un abrir de conciencia para todo el mundo y ahí ya no era tan distinto".
-¿Militaste en algún partido político?
-Milité mucho en la izquierda de pendejo. Primero en el Partido Intransigente, luego me hice trotskista. Después me fui para el lado del peronismo de izquierda. Fui muy fluctuante en mi vida política. Ahora estoy un poco más burgués pero sigo con esa conciencia de preocuparme por lo que le pasa al otro.
Sus padres adherían a la facción más de izquierda del peronismo. Sin embargo, como siempre fue "medio contrera", Gorlero cuenta entre risas que en su juventud era un peronista que odiaba a Perón.
-Mi viejo militaba a nivel sindical y mi vieja era simpatizante, crecí con esa ideología. Viví toda esa etapa de marchas y persecuciones. En mi casa hubo quema de libros y discos . Recuerdo cómo mi disco de canciones infantiles de Nacha Guevara fue a parar a la hoguera junto con el del musical "Hair".
Suena su celular, pide disculpas y atiende. "Estoy en una nota", dice. Inmediatamente avisa que está siendo grabado. Su voz no varía entre la entrevista y la charla telefónica: es siempre envolvente. Tiene una de esas voces que parecen querer ser escuchadas. Después de haber escrito cuatro libros sobre la historia del teatro musical en el mundo y en Argentina, Gorlero se anima a la dirección de un musical infantil. "Señor Imaginación" se estrenó el 17 de julio en el Teatro Astros y el crítico se enfrentó a la crítica.
-Estoy cagado en las patas. Me propusieron hacer una obra para chicos, tiré esta idea y acá estamos. Me encontré con la idea así como de casualidad, no fue nada planeado. Mis primeras experiencias en la dirección fueron siempre acompañado por Ricky Pashkus, director y coreógrafo, en las distintas ediciones de los conciertos "Primeras Damas del Musical". Igual, siempre aclaro, no quiero ser director de teatro. Conozco mucho del trabajo del actor, entonces me atrevo a laburar desde ese lado y me animo a trabajar en proyectos que me gustan a nivel personal y que tengo muy grabados en la cabeza.
Lo no planeado parece ser un patrón en Gorlero. Estudió actuación y terminó analizando a los que actúan. Empezó un blog y terminó escribiendo una novela. Quiso ser veterinario y terminó siendo periodista. No quiere ser director de teatro pero dirige.
-En "Señor Imaginación" lo que yo quise plantear es lo que uno vive cuando ve que la niñez se va perdiendo, va quedando atrás. Algunos se aferran a esa capacidad de juego que se les escapa y otros quieren soltarla rápido.
-No. Y no quiero hacerlo.