Cuando creo que finalmente voy a hacer las cosas de una forma distinta y me convenzo de que no voy a volver a ser igual que antes, me enfrento cara a cara con las mismas heridas y el mismo dolor que me son tan familiares. Y es que a esta altura estoy empezando a pensar que mi cambio es circular y en algún punto de la órbita que recorro una y otra vez me está esperando ese niño herido.













