Ojalá regresar a esos días, donde nada me importaba pero tampoco nada me dolía
hello vonnie
cherry valley forever
Misplaced Lens Cap

No title available
i don't do bad sauce passes
Show & Tell

Love Begins

Product Placement

izzy's playlists!
wallacepolsom
Acquired Stardust

blake kathryn
almost home

Andulka

tannertan36
KIROKAZE

pixel skylines
ojovivo

Discoholic 🪩

if i look back, i am lost

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Singapore

seen from Colombia
seen from Malaysia
seen from Germany
seen from Malaysia
seen from United States

seen from Singapore

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
@desol4da
Ojalá regresar a esos días, donde nada me importaba pero tampoco nada me dolía
no sé realmente en qué momento dejé de extrañarlos a ellos y empecé a extrañar todo lo que dejaron.
los planes que nunca se cancelaban, las conversaciones que llenaban horas sin sentirse pesadas, las risas que parecían suficientes para sostenerme entera.
no sé cuándo
los recuerdos empezaron a doler más que su ausencia.
porque a ellos
ya no los reconozco.
y tal vez
eso es lo que más duele.
que no solo se fueron,
sino que se convirtieron
en algo completamente ajeno.
y es extraño
porque cuando pienso en todo eso
no los veo a ellos,
veo momentos que siguen intactos
en un lugar al que ya no puedo volver.
tampoco recuerdo cuándo
entendí que no los extrañaba.
que lo que hacía falta
no eran sus voces, ni sus nombres, ni su presencia,
sino la forma en la que mi vida se sentía con ellos dentro.
porque había una versión de mí
que murió en silencio
el día que se fueron.
una que no sabía lo que era quedarse sola cuando más necesitaba compañía.
y es que darse cuenta
de que puedes sobrevivir sin alguien
no significa que salgas ilesa.
porque hay ausencias
que no se llenan,
solo se expanden.
ocupando poco a poco todo lo que antes se sentía completo.
y entonces queda esto:
extrañar sin querer volver,
recordar sabiendo que ya no existe nada ahí,
guardar cada momento
como si perteneciera a alguien que ya no soy.
porque aunque regresaran
no volverían a ser quienes fueron.
y yo
ya no soy la que se quedaba.
|Tempestad
hay días en los que decir mi nombre dentro de mi cabeza se siente extraño
como si no me perteneciera del todo como si fuera el de alguien más que sigo intentando reconocer(me)
no hablo en voz alta
porque incluso eso se siente demasiado
solo pienso a medias en fragmentos
en cosas que no termino de decir(me) porque ponerlas completas haría todo demasiado real
porque hay algo dentro de mí que no descansa
no es tristeza todo el tiempo
es constante silencioso difícil de nombrar
como un peso que nunca desaparece solo cambia de lugar dentro del pecho (doliendo)
y cansa
cansa existir así
cansa tener que sostener(me) cada día como si fuera algo frágil
que en cualquier momento se va a romper en mis manos
y lo peor
es que nadie lo ve
porque por fuera todo sigue funcionando
respondo camino hablo estoy (finjo)
pero dentro
hay partes de mí que dejaron de sentirse vivas hace tiempo
partes que ya no reaccionan que ya no se emocionan que solo están ahí ocupando espacio
y a veces me da miedo eso
no el dolor
sino la ausencia de él
ese vacío que no grita que no pide ayuda que solo se queda (consumiendo)
y entonces
cuando todo se queda en silencio
cuando ya no hay nada que me distraiga
me quedo conmigo
con esta versión que no sé en qué momento empezó a sentirse ajena
y pienso
que tal vez lo más triste de todo
no es estar mal
es no saber desde cuándo
dejé de estar bien perdiéndome
|Tempestad
hubo un tiempo
en el que creí que solo era cuestión de esperar un poco más.
que en algún momento iban a darse cuenta de que yo faltaba,
de que mi silla seguía ahí, vacía,
guardando un lugar que alguna vez fue mío.
y me quedé en mi peor momento,
sosteniéndome como podía,
con los días pesando distinto,
mirando hacia la puerta como si en cualquier segundo alguien fuera a volver a decir mi nombre.
pero no pasó.
y el vacío no era solo su ausencia,
era todo lo que dejaron atrás:
los planes que dejaron de existir,
los mensajes que nunca llegaron,
las risas que se quedaron suspendidas en recuerdos,
una vida que se rompió justo cuando yo más la necesitaba intacta.
casi me ahogo en eso,
en esperar, en justificar, en intentar entender cómo alguien puede irse justo cuando más lo necesitas,
cómo pueden verte caer y aún así seguir caminando como si nada.
pero el tiempo pasó,
no fue bonito, ni rápido, ni justo,
pero floté,
con el pecho lleno y las manos vacías,
con la ausencia pegada a todo lo que hacía,
pero seguí aquí.
y cuando finalmente volvieron a buscarme,
yo ya no era la misma que se quedó esperando,
hablé, sonreí, intenté acomodarme otra vez en su mesa como si el lugar nunca se hubiera movido,
pero sí lo había hecho.
porque alguien que ya aprendió a sobrevivir solo
ya no cabe igual en lugares donde su ausencia no hizo ruido,
y entonces volvieron a dejarme de lado,
como si yo fuera algo que se toma cuando hace falta y se guarda cuando estorba.
y ahí entendí que no era mi mesa,
que nunca lo fue del todo,
pero aún así hay algo en mí que no se ha rendido,
una esperanza pequeña, casi frágil, pero constante,
la de encontrar un lugar donde no tenga que esperar,
donde no tenga que dudar,
donde mi silla no sea opcional,
una mesa donde mi nombre no se olvide,
donde mi presencia no sea reemplazable,
donde quedarme no dependa de si alguien más decide irse.
porque aunque dolió,
aunque me rompí más de lo que pensé posible,
aprendí algo que no se deshace:
merecer un lugar
donde nunca tenga que preguntarme
si voy a volver a ser dejada atrás.
|Tempestad
Me extrañó tanto
Extrañaba leer, porque en cada página me encuentro: danzando entre palabras, despojándome del peso del mundo, respirando libertad y volviendo a ser yo en cada línea.
tempestad
Si me necesitas, no me tomes solo cuando estoy firme. No me quieras solo cuando callo, cuando asiento, cuando encajo.
Ámame cuando tiemblo, cuando no sé qué hacer con mis manos, cuando digo lo que no quieres oír.
Quiéreme con mis dudas, con mi forma torpe de pedir cariño, con los miedos que aún no sé nombrar.
Ámame cuando no me reconozca, cuando mis palabras raspen, cuando mis heridas no sepan esconderse.
Quiéreme cuando el miedo me cierre el pecho, cuando mi forma de amar sea torpe.
Si me vas a querer, hazlo también cuando no sepa quererme, cuando me rompa frente a ti y no sepas cómo armarme.
Hazlo cuando no sepa cómo pedírtelo, pero mi mirada te lo grite todo.
Porque si vas a quererme, hazlo entera: con mis vacíos, mis ausencias, mis cambios de piel y de voz.
No me dividas en lo que te gusta y lo que no. No me edites. No me acomodes.
No quiero caber en una versión que te convenga. Quiéreme cruda. Quiéreme furia. Quiéreme cansancio. Quiéreme sin reservas.
O no me quieras.
No me quieras
Musa
soy la musa desnuda en un cuadro que odio.
no me miro, me miran. ojos que se clavan, ojos que arrancan pedazos, ojos que me vuelven un cuerpo sin nombre.
me fotografían sin preguntar, me exhiben como trofeo, me vuelven adorno de paredes frías que nunca entenderán lo que cargo dentro.
y sonrío, aunque por dentro me retuerzo. me asfixia el papel que me dieron, me asfixia este marco que no elegí.
viajo por galerías, por charlas llenas de ruido, por miradas que recorren mi piel pero nunca mi voz.
nadie me escucha, nadie quiere. me llaman musa pero lo único que ven es carne.
soy cuadro, soy pintura, soy retrato de lo que no quiero ser.
y lo peor es que lo acepté, lo abracé un tiempo, me hice creer que eso era todo, que no había nada más que ofrecer.
pero ya no.
porque me incomoda, me asfixia, me ahoga en cada gesto. soy más que el cuerpo colgado en su pared, más que los ojos que me desnudan sin tocarme.
soy tormenta, soy cicatriz, soy palabra. y ustedes ni siquiera intentaron mirar.
Dess
ayer pensé
que tal vez el problema
no era el cansancio,
ni las personas,
ni las discusiones
que usé tantas veces
como explicación.
tal vez
solo estaba evitando
quedarme quieta.
porque cuando el ruido termina
—los planes,
las conversaciones,
las distracciones pequeñas—
queda algo incómodo:
yo.
resulta extraño
descubrir
que ya no sé
qué hacer conmigo.
como si durante meses
hubiera estado interpretando
a alguien
que todos reconocen,
mientras la verdadera versión
de mí
se quedaba atrás
en algún punto
entre compromisos
y risas automáticas.
no fue una ruptura,
ni un momento dramático.
fue algo más silencioso:
un día
darte cuenta
de que todo sigue funcionando
exactamente igual
pero por dentro
ya no sabes
quién es
la que está viviendo
tu propia vida.
|tempestad
Entonces concluir que
todo este tiempo
no estaba enojada con nadie,
ni con los amigos
ni con los semestres que terminan
ni con la gente que se queda
demasiado cerca de mi vida,
fue entender
que el problema
era el silencio.
Porque durante meses
—quizá más de los que recuerdo—
llené mi cabeza
como quien llena una habitación vacía
con ruido,
con agendas saturadas,
con salidas,
con historias ajenas
y dramas que no me pertenecían.
con series que corrían solas,
con libros abiertos
que nunca terminaba de leer,
con personas
que ocupaban
cada segundo
en el que podía quedarme sola.
Y es que descubrir
que todo eso
no era vida
sino distracción,
fue notar
que cada evento terminado,
cada tarde sin planes,
cada hora libre en mi cuarto
me dejaba frente a alguien
que ya no sabía reconocer.
porque cuando finalmente
me quedé conmigo
—tan sola como hace tiempo no estaba—
aparecieron
el cansancio,
la rabia,
la tristeza que no sabía nombrar,
el resentimiento
que no sabía hacia quién dirigir.
Y entonces mentí.
les dije a otros
que ellos eran el motivo,
que su ausencia
había creado mi vacío,
que había cosas pasando
en mi vida
de las que no podía hablar.
pero la verdad
es que ni siquiera
yo
sabía de qué estaba hablando.
porque era más fácil
inventar culpables
que admitir
que me estaba perdiendo.
Así que volví a llenar los espacios
con viajes,
con familia,
con pantallas encendidas,
con historias que pasaban
mientras yo
simplemente
existía.
hasta que regresar
—a esta ciudad,
a esta rutina,
a esta vida—
me obligó a notar
que toda mi energía
se había convertido
en enojo.
enojo con personas
que solo estaban viviendo,
enojo con alguien
por respirar demasiado cerca,
enojo con todo
porque el enojo
al menos
se siente como algo.
Pero incluso después
cuando todo con mis amigos
volvió a acomodarse
yo seguía igual.
y fue entonces
cuando entenderlo
dejó de ser opcional.
porque descubrí
que llevo demasiado tiempo
interpretando versiones de mí
que otros reconocen.
que hablo
como esperan que hable,
que río
como recuerdan que reía,
que existo
como si todavía fuera
la persona
que conocieron.
cuando en realidad
ya no sé
cómo es estar conmigo.
ya no sé
qué me gusta
qué me interesa
qué me conmueve.
solo sé
que algo dentro de mí
se fue apagando
poco a poco,
mientras yo
llenaba el silencio
para no tener que escuchar
lo vacía
que estaba
quedando mi propia voz.
|tempestad
Ha pasado un tiempo, y su ausencia ya no me llena de tristeza.
ayer pensé
que tal vez el problema
no era el cansancio,
ni las personas,
ni las discusiones
que usé tantas veces
como explicación.
tal vez
solo estaba evitando
quedarme quieta.
porque cuando el ruido termina
—los planes,
las conversaciones,
las distracciones pequeñas—
queda algo incómodo:
yo.
resulta extraño
descubrir
que ya no sé
qué hacer conmigo.
como si durante meses
hubiera estado interpretando
a alguien
que todos reconocen,
mientras la verdadera versión
de mí
se quedaba atrás
en algún punto
entre compromisos
y risas automáticas.
no fue una ruptura,
ni un momento dramático.
fue algo más silencioso:
un día
darte cuenta
de que todo sigue funcionando
exactamente igual
pero por dentro
ya no sabes
quién es
la que está viviendo
tu propia vida.
|tempestad
Entonces concluir que
todo este tiempo
no estaba enojada con nadie,
ni con los amigos
ni con los semestres que terminan
ni con la gente que se queda
demasiado cerca de mi vida,
fue entender
que el problema
era el silencio.
Porque durante meses
—quizá más de los que recuerdo—
llené mi cabeza
como quien llena una habitación vacía
con ruido,
con agendas saturadas,
con salidas,
con historias ajenas
y dramas que no me pertenecían.
con series que corrían solas,
con libros abiertos
que nunca terminaba de leer,
con personas
que ocupaban
cada segundo
en el que podía quedarme sola.
Y es que descubrir
que todo eso
no era vida
sino distracción,
fue notar
que cada evento terminado,
cada tarde sin planes,
cada hora libre en mi cuarto
me dejaba frente a alguien
que ya no sabía reconocer.
porque cuando finalmente
me quedé conmigo
—tan sola como hace tiempo no estaba—
aparecieron
el cansancio,
la rabia,
la tristeza que no sabía nombrar,
el resentimiento
que no sabía hacia quién dirigir.
Y entonces mentí.
les dije a otros
que ellos eran el motivo,
que su ausencia
había creado mi vacío,
que había cosas pasando
en mi vida
de las que no podía hablar.
pero la verdad
es que ni siquiera
yo
sabía de qué estaba hablando.
porque era más fácil
inventar culpables
que admitir
que me estaba perdiendo.
Así que volví a llenar los espacios
con viajes,
con familia,
con pantallas encendidas,
con historias que pasaban
mientras yo
simplemente
existía.
hasta que regresar
—a esta ciudad,
a esta rutina,
a esta vida—
me obligó a notar
que toda mi energía
se había convertido
en enojo.
enojo con personas
que solo estaban viviendo,
enojo con alguien
por respirar demasiado cerca,
enojo con todo
porque el enojo
al menos
se siente como algo.
Pero incluso después
cuando todo con mis amigos
volvió a acomodarse
yo seguía igual.
y fue entonces
cuando entenderlo
dejó de ser opcional.
porque descubrí
que llevo demasiado tiempo
interpretando versiones de mí
que otros reconocen.
que hablo
como esperan que hable,
que río
como recuerdan que reía,
que existo
como si todavía fuera
la persona
que conocieron.
cuando en realidad
ya no sé
cómo es estar conmigo.
ya no sé
qué me gusta
qué me interesa
qué me conmueve.
solo sé
que algo dentro de mí
se fue apagando
poco a poco,
mientras yo
llenaba el silencio
para no tener que escuchar
lo vacía
que estaba
quedando mi propia voz.
|tempestad
No quiero irme, pero esta herida no deja de hablar. Quiero dormir, pero el sueño tiene miedo de mí. Y sin embargo, hay una parte de mí que aún te llama, como quien lanza piedras al mar sabiendo que no volverán.
Diarios (1954–1972) | Alejandra Pizarnik
Estoy arruinando todo otra vez, alejando a las personas, siendo hostil emocionalmente y sobre todo cerrandome de nuevo.
Querido: Siento con certeza que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no puedo pasar por otro de esos terribles tiempos. Esta vez no me recuperaré. Empiezo a oír voces, no puedo concentrarme. Por eso voy a hacer lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los sentidos lo que nadie podría ser. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices hasta que llegó esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. Ya ves que ni siquiera puedo escribir esto con corrección. No puedo leer. Lo que quiero decirte es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido completamente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo: todo el mundo lo sabe. Si alguien hubiera podido salvarme, habrías sido tú. Todo se ha ido de mí salvo la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices que nosotros.
Carta de despedida a Leonard Woolf, 1941 | Virginia Woolf
Moriré de amor, pero no de ti, moriré de amor por lo que no fue, por lo que imaginé en tus ojos, por la promesa que nunca hiciste.
En las orillas del Sar | Rosalía de Castro