Quisiera aprender a hablar, sacarle espacio a la fonética integrada de la lengua y los dientes.
Recuerdo pensar más que hablar, pensar la palabra como un juego de cuerda, cada segundo era la posibilidad del salto, pero cada segundo pasaba por delante del otro, y existía en la tensión superficial de la probabilidad de las cosas.
Saltar la cuerdita, escondidas, jugar pastillita.
El cuerpo como ejercicio del disfrute, intermediario del deseo y la pulsión.
Tal vez la búsqueda sea el lenguaje.













