—Espera, espera, ¿cómo que Francia no es la capital de París? ¿¡En serio no lo es!? Oh por dios, he vivido toda mi vida engañada. Ahora entiendo por qué nunca me fue bien en geografía.
—De hecho... eh, es al revés —rascó su nuca en un acto distraído—. Por eso llaman a Paris la ciudad del amor, no Francia, la ciudad del amor.














