La memoria puede fallar —serie de engranajes sin aceitar, espejos oxidados, imágenes empañadas y quemadas— y aquel momento es, en principio, uno de ellos. Las palabras le arrebatan una tenue curvatura, desafía las leyes del realismo e incita a la metáfora a germinar, en tal gesto habita la amargura que es dulce y cálida como miel, no le dan pista alguna porque sobran las criaturas que de mundo escolar podrían profanar aquella afirmación, colecciona apuestas y profecías de fracaso. “Disculpa, ¿nos conocemos, tu nombre?” entonación casual, se le desprenden las palabras y al mismo tiempo las longitudes se toman su trabajo con detalle de meticuloso, matemática exactitud. “Porque me temo que si me guío por la cantidad de gente que ha dicho eso de mí estaría un largo rato” cargan de ritmo, la sorna de quien juega con el presente detractor. “Bueno, gracias, son flores bonitas…” y finalmente la mirada azulina se eleva, fulgor de sátira en batalla y pigmento océano, torbellino en detenimiento al finalmente reconocer portadora de lenguaje de espinas, piezas toman su lugar y la acuarela del rictus se esclarece. “Luego están las flores que nacen en un pozo sucio, se prometen irse a un buen jardín, nunca volver… pero terminan de nuevo en la mierda” chasquido de lengua contra el paladar, ah el destino jugando a la correspondencia divina, dándole migajas al cuervo para picotear. “Me inspiras a ser metafórico, en literatura nunca me fue tan mal” cerradura de palabras, con naturalidad deposita el arreglo floral en la caja acostumbrada, cargada en macetas y variadas tonalidades.
Cauce abre paso entre sus fauces, curvatura positiva cuasi genérica se explaya en el extremo sur de sus lívidas y suaves facciones, escapa de su interior una carcajada que emula el estruendo del toser, externaliza la burla que decora cada una de las sílabas que su sinhueso amenaza con soltar. “Dra. Émber Boismenu.” Rectifica saberes que apostaría el hecho de no haber sido cedidos a los gélidos miembros del olvido. Diplomada expulsa el título obtenido como si su lengua repudiara el hecho de mencionarlo, mas busca que aquellas prosas fueran las causantes de un movimiento en las vísceras antitéticas, que la envidia y el recelo poseyeran su silueta, mas era un accionar poco probable. “Por algo lo han dicho, ¿siquiera lo has pensado?” Silueta masculina ocupa la cifra terminal en la lista de aquellas personas en las que seres con raciocinio responsivo colocarían sus apuestas, esperanzas carente como metas para el muchacho (teniendo como guía aquello que dicta las apariencias). “Quitas el hecho de que se fueron, pero situaciones mayores obligan que esas flores vuelvan al fétido pozo del cual, aparentemente, no hay jodida salida.” Las paredes laterales de su cavidad bucal son atacadas por sus molares, aplastan la rosácea y húmeda pulpa cual martillo prensando una tachuela en la rozagante caoba. “Pensé que tenías unos promedios más bajos en la asignatura.” Vocablos acerados no traspasan la barrera predispuesta por al fémina, no le otorga el poderío de punzar su fibra y generar de tumultos nocivos en si psique, aquellos que la torturarían incluso al estar en el regazo de Morfeo, mas de cierta manera afianza sentirse halagada, remembrando bestialidades (dichos que ahora cataloga como tal) que sus carmines lieraban sin recibir represalias por partes ajenas y el poder que tenían en vidas ajenas.