Había sido llamada a la recepción y todo por un ramo de unas treinta rosas rojas con una tarjeta, no tenía nombre pero si una frase adulando su belleza. No era la primera vez que le enviaban algo así, pero tal vez era la primera vez que reaccionaba así, tomándose el tiempo de acercarse a una de las rosas, pasando sus dedos por sobre uno de los pétalos, escuchando entonces una pregunta que le trajo de vuelta a la realidad “No, no es que no me gusten” comentó despacio, sonriendo apenas un poco “Es solo que preferiría que me regalaran cosas que no estuvieran muriendo” sí, tal vez sería mucho mejor recibir una maceta con flores sanas y salvas “Me da tristeza saber que no durarán por mucho”
‘¿admirador secreto?’ se atrevió a decir con su mirada fija en el ramo de rosas que efectivamente le pertenencia a la chica de cabellos oscuros. sus ocelos ahora se dirigen a la chica y su ceño se frunce, al no entender lo siguiente escuchado. ‘pero son bonitas, por más que estén muriendo aún conservan su belleza’ y de todas formas en algún momento tenemos que morir ¿no? se completó a sí misma en silencio. ‘tampoco es cómo que plantadas duraran para siempre’ agregó, dando a salir a la luz su experiencia con las mismas.













