La última oferta de la Nueva Era, bajo el concepto de lo ‘holístico’ como en el entorno de la salud, promete un entramado global que supere toda forma de “dualismo” que fundiría la diferencia real entre el Creador y la creación, por ello bajo ese pensamiento, también la indistinción entre el bien y el mal.
Todo ello, bajo el supuesto que este realismo ‘dual’ es ‘inferior’ en términos de iluminación. En el documento “Jesucristo portador del agua de la Vida. Una reflexión cristiana sobre la ‘Nueva Era’.” publicado por el Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, nos aclara:
“(…) 1. Totalidad: un viaje mágico al misterio Una de las preocupaciones centrales del movimiento Nueva Era es la búsqueda de ‘totalidad’. Invita a superar todas las formas de ‘dualismo’, ya que dichas divisiones son un producto insalubre de un pasado menos iluminado. Las divisiones que según los promotores de la Nueva Era se deben superar, incluyen la diferencia real entre el Creador y la creación, la distinción real entre el hombre y la naturaleza o entre el espíritu y la materia, todas las cuales son consideradas erróneamente como formas de dualismo. (…) A la revolución científica y al espíritu del racionalismo moderno se los considera culpables especialmente de la tendencia a la fragmentación que considera las unidades orgánicas como mecanismos reducibles a sus componentes más pequeños, que pueden explicarse a continuación en función dde estos últimos, así como de la tendencia a reducir el espíritu a la materia, de manera que la realidad espiritual –incluyendo el alma- se convierte en mero “epifenómeno”contingente de oricesis esencialmente materiales. (…)
El holismo impregna todo el movimiento Nueva Era, desde su interés por la salud holística hasta la búsqueda de la conciencia unitiva, y desde la sensibilidad ecológica hasta la idea de un “entramado” global”.
Caminante, ¿qué harás ahora que sabes que la Iglesia muestra la incompatibilidad con la Nueva Era?
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