''¿Cómo creamos fetiches?, ¿son algo natural o perversiones de las que habría que deshacerse?''
En febrero de 2019, durante la 41e édition de Cinéma du réel, luego de exponer el ensayo 'Gradiva, une interprétation de l'incertain' que escribí a partir del film Gradiva Esquisse I [2] de la cineasta Raymonde Carasco; hice un planteamiento aparentemente sencillo pero en el que mis oyentes consumieron más de cincuenta minutos intentando alcanzar la unicidad respecto a: El andar..., los pies de la que anda... ¿fetiche, filia o parafilia?
En la entrega de STREET PHILOSOPHY, Fétichiste, et alors?, [1] hay dos aseveraciones con las que, según cómo, estaría yo de acuerdo:
1—¿Se puede elegir un fetiche o se apodera de ti? —cuestiona Ronja von Rönne—. —Se apodera de ti. —Responde Kaddie Rothe, fundadora de GoalGirls.
2—Acariciar pies es genial —sentencia Pitt—. —Pero no con todos (ni los de cualquiera, ahondaría yo) los pies es así, tiene que haber una conexión. ('connexion' que, en tales derroteros, en demasía se sobrentiende)
Tres párrafos arriba puse 'según cómo' porque creo que el fetichizar a partir de elementos tangibles ha caracterizado, à fond, la idiosincrasia de nuestra especie quizá desde que el primer homínido se cayó del árbol, aprendió a andar en dos patas, sacó provecho de los pulgares oponibles y, ya un poco más tarde, se pusiera a construir lenguajes guturales, onomatopéyicos, ideográficos, formales, sígnicos, simbólicos y demás. Por lo que el datar —de manera simplista y en exceso eurocentrísta—, la elaboración ingente de fetiches toda vez que les sociétés del poniente se anegaron en la vorágine consumista que trajo consigo el capitalismo salvaje... me parece demasiado ingenuo.
En lo que toca a aquello de que [el fetiche] ''se apodera de ti'' voy ya un poco más de acuerdo porque si bien, hay en el filme de Raymonde Carasco un innegable paralelismo kinésico-estético-conceptual-interpretativo entre las febriles elucubraciones de Norberto Hanold —palabra por palabra magistralmente descritas por W. Jensen en su novela—, y la exquisitez del footage, au ralenti, del andar ''d'une vierge romaine qui friserait dans la vingtaine''. Ce parallélisme, sans doute, está bastante alejado de los espectros clínicos que encuadran, asépticamente, desde una filia hasta el abanico completo de parafilias y, plus que bien sûr, de la conductista inmediatez fetichista a la que se reducen los cortometrajes de Leos Carax (Gradiva, 2014) [3] y Dominique Morlotti (Gradiva à Marienbad, 2016) [4]. Y aún con toda la intrincada complejidad del demiúrgico entretejido filia-fetiche que ces trois courts métrages entrañan es, a partir de la podophilie
—y acaso en la misma tesitura para el inconsciente neófito y para el avezado—, harto sencillo derivar a la fétichisation desde la simplicidad de un encuadre en el TV de Florie Auclerc [5] —insouciante et pieds nus— leyendo Diario de un loco (Lu Xun, 1918).
Desde la subjetividad, y en contraposición al quehacer de las philias et paraphilies, el fetiche cosifica todo aquello que para el sujeto refiera sensaciones de sosiego, spirituel ou simplement sensuel, a una individualidad inmersa en el subyugante sinsentido de la sociedad del postureo y la apariencia que, para existir, precisa no ya de interpretar la mundanidad sino, primordialmente, fetichizar su cotidianidad y, para ello, ¿qué mejor que el tumultuoso bombardeo con productos de consumo visual del que se es manso receptor en las sociedades occidentales?
[1] https://odysee.com/@carax:8/Street-philosophy-F%C3%A9tichiste%2C-et-alors:f
[2] https://odysee.com/@carax:8/Gradiva-Raymonde-Carasco-1978:2
[3] https://odysee.com/@carax:8/Gradiva-Leos-Carax-2014:c
[4] https://odysee.com/@carax:8/Gradiva-in-Marienbad:9
[5] https://odysee.com/@carax:8/Flore-Auclerc-lit-Le-Journal-d%27un-Fou-de-Lu-Xun-:8
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