Primer pandemónium. Capítulo 4.
[ Con Wilhelmina Nev. Harker. ]
Habían pasado ya unos días desde que Mina había poseído a una cazadora de sombras que se hacía llamar Panic. En un principio, no sabía que la muchacha era cazadora de sombras, aquel detalle lo supo más adelante y la verdad es que lo único que hacía era divertirla más, pues no había poseído a la rubia por ningún otro motivo que no fuera divertirse. Últimamente las cosas le resultaban demasiado monótonas por lo que pensó que aquello rompería con la rutina. Era de noche y Panic seguía su rutina normal. El Hermano Silencioso le había dicho que tenía que estar alerta, ya que el jóven demonio que le había poseído podría aparecerse en cualquier momento y ella debía matarla cuando eso hiciera. También mencionó que podría tratarse de Lilith o de Asmodeo, pero una presencia extraña le decía que no era ninguno de los dos. Se había pasado la noche afilando cuchillos serafines, ya que no tenía nada que hacer. Su hijo no estaba, sus compañeros dormían en sus habitaciones y todo parecía estar tranquilo o eso pensaba ella. De pronto, empezó a sentir un tremendo dolor de cabeza, había llegado la hora, la hora de enfrentarse al demonio, para ello tenía que proyectarlo fuera de su cabeza, para así poder matarlo. Decide relajarse y mantener así una conversación con el ser.
— ¿Hola?
Aunque Panic deseaba que la demonio se apareciera frente a ella, esta nunca lo hizo y tampoco tenía la intención de hacerlo. La demonio respondió.
— Hola, ¿Panic, no?
La jamaicana escuchó la pregunta que aquel ser había formulado en su cabeza. Pero la duda de que quería podía con ella, ella sabía que algo no iba bien, que su manía de ser tan temeraria con los demonios, tarde o temprano le iba jugar una mala pasada. Y así fue. Ahora un demonio se movía dentro de sus entrañas y la única forma de deshacerse de él era mediante un trato o matándolo. Pero matar un demonio tan poderoso como aquel no era una simple tarea de principiante. Cogió aire y la jamaicana decidió centrarse en la voz del ser, deseando traerlo a su terreno.
— Sí. ¿Qué es lo que quieres?
El cierto miedo de la rubia hacía la situación mucho más entretenida y divertida para la demonio.
— ¿Qué quiero? Divertirme, es fácil. — Afirmó con tranquilidad pues, por el momento, aquello era lo único que movía a la demonio. — Ahora dime. ¿Qué eres? Porque una simple humana no.
— ¿Tengo que responderte a una pregunta cuando nisiquiera tú me das una razón lógica por esta posesión?
Dijo la joven cazadora mientras resoplaba, suspirando algo desquiciada. Quería sacársela de encima cuanto antes, en cuanto pudiera. Sacó un cuchillo de su cinturón de armas y susurró.
— Si tan valiente eres, muéstrate. Si eres lo que dices ser, sabrás quién soy.
— ¿Acaso mi diversión no te parece algo lógico? Pobre niña..
Contestó con el mismo tono irónico que anteriormente y algo molesta por la soberbia con la que la rubia le estaba hablando. Por otro lado también la divertía el hecho de que pensará que con unas simples palabras más o menos atrevidas iba a caer en la trampa de esta.
— ¿Valentía? Eso no tiene nada que ver con esto. Por ahora prefiero pasearme por tus recuerdos. Dime, ¿Superaste ya tu divorcio? ¿O cada vez que ves a la criatura de tu hijo te dan ganas de cortarle la garganta?
— No te atrevas a meter en esto, mi hijo no tiene nada que ver contigo. ¿Es que no lo ves? ¡Salte de mi cabeza, ya!
Dijo algo molesta cuando aquel demonio sacó el tema de su hijo. Aquel tema era intocable y por ello, le dolió bastante que aquella... ¿Mujer, hombre? lo sacase. Suspiró y se intentó tranquilizar, ya que diversión era lo último que quería darle, aunque ya sentía que una pequeña parte de su alma se esta volviendo oscura.
— Sal de mi cabeza de una vez, ¡Sal ya!
El hecho de que empezaba a enfadar a la nefilim, pues había descubierto lo que era tas hurgar un poco más por su cabeza, la comenzaba a divertir. Pero no era suficiente para ella, quería ver a la rubia angustiada, sufriendo.
— Oh vamos, no seas tan fácil. Si no me lo quieres decir tú, quizás cuando acabe contigo salga de tu cabeza y se lo pregunte directamente al pequeño Hugo. O mejor aún, dejarte a ti, y meterme en la cabeza del enano.
— Podrías robarme el alma mientras yo te deje hacerlo, demonio.
Dijo ella mientras permanecía completamente sería ante la forma de ser de aquel espectro. La verdad es que tenía algo de razón, pero ella no podía dejarse ganar y menos, dejar que el demonio sintiera el miedo o la inquietud de ella.
— No tienes ni idea de lo que soy capaz, sucio demonio.
— Eso pasa con los demonios normales y corrientes, yo no necesito tu aprobación nefilim.
La confesó el demonio pues a pesar de darla información también infundía el pánico en la rubia, y eso era lo que buscaba. Mientras meditaba, decidió desaparecer de la mente de esta, era suficiente por aquella noche, así, además del miedo infundiría la angustia de no saber que es lo que pasara a continuación.
La caribeña sentía de pronto una extraña liberación en su cabeza, en su mente. Se sentía libre, algo más ligera y calmada, por más que había intentado retomar la conversación con aquella mujer, ella no respondía. El demonio la acababa de abandonar. Pero no todo terminaba allí, lo buscaría, y tenía claro que lo encontraría. De pronto, decidió avisar a Luke, esto era algo nuevo para ambos.
— Luke, llama a los Hermanos Silenciosos, acabo de hablar con el demonio.
Después de dejar aquel mensaje enviado, la joven cazadora salió del salón donde estaba para buscar a Luke y así contárselo en persona cuanto antes.







