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oliviawaldxrf:
La suerte era tan grande que su primer destino había sido la puerta menos conveniente en aquel instante. Independientemente de todo lo que hubiese sucedido a lo largo de las últimas semanas, la azabache se sentiría avergonzada ante el simple hecho de llamar a la puerta del castaño en ese estado, más aún, vomitar estando cerca de él. Sus esmeraldas se elevaron para encontrarse con las otras del mismo color y fue tan grande la sorpresa, que sintió como si el estómago se le asentara de golpe, pero el mareo continuó advirtiéndole que no sería por mucho. ¿Qué tal si trataba de aguantar un poco más y avanzaba hasta la siguiente cabaña? Mala idea, más aún cuando se percató de que era demasiado tarde, pues tras un par de parpadeos se encontró a sí misma en el interior de esa casa, la de Finnegan, para ser exactos. “N-no lo sé. D-debió haber sido algo que comí o quizá gastritis, migraña, indigestión, todo es posible.” Explicó, aproximándose al sofá y dejándose caer sobre el mismo, sin ser exactamente su propia voluntad. “Yo s-solo me quedaré aquí por un rato. P-puedes seguir haciendo lo que sea que estabas haciendo.” Lo último que querría sería ser una molestia para él, algo con lo que se viese obligado a tratar cuando sabía bien que no era su responsabilidad.
Finn estaba evidentemente inquieto por la situación de Olivia. Sus ojos enseguida hicieron una análisis clínico, tratando de encontrar alguna herida, un factor que lo hiciera hacerse una idea de que era lo que le pasaba más lucía bastante bien, excepto por ese ligero color pálido que se estaba haciendo de sus perfectas facciones. Mordió su labio inferior y meneó la cabeza, acercándose un par de pasos a donde ella estaba aunque no los suficientes para estar realmente cerca. Ignoró sus palabras y dejó brotar un suspiro, pasándose una mano por la cabeza ligeramente preocupado. Sin embargo no dijo nada, simplemente se dio la vuelta y se marchó a sus espaldas en completo silencio hasta que segundos después volvió, con un vaso con agua en mano, mismo que extendió hacia la morena cuidadosamente. “No tengo nada que hacer ahora...” Murmuró, volviendo a hacer distancia entre ellos. Y no, no por que le incomodara, es que simplemente no sabía que hacer realmente y estar lejos le parecía una buena alternativa para pensar claro en esa situación. “¿Necesitas algo más? ¿Una aspirina? ¿Una almohada....? L-lo que sea, s-solo dime, ¿si?” Sus ojitos se enfocaron ene lla, cargados de una evidente duda. “¿Quieres ver al médico?”
Los parpados de la rubia se cerraron una vez más al verle la intención en el rostro al chico de besarle el cuello de nuevo. Se sentía un poco inútil en aquella situación, sobretodo porque era tan in-experimentada en ese tipo de cosas que casi no sabía qué hacer. Estaba disfrutando, demasiado, pero se estaba quedando sin recurso alguno. ¿Qué se supone que las chicas hacían en ese tipo de situaciones? Porque no quería ser una sometida y quería que el castaño que atacaba el cuello con sus labios se sintiera igual de bien que ella en esos momentos. Quiso reírse porque a pesar de todo lo que le había pasado, seguía siendo una niña en ese aspecto y la sombra de una sonrisa apareció en sus labios, pero fue interrumpida con un suave jadeo que se le escapó en contra de su voluntad. No quería ni imaginarse cómo iba a sentirse si pasaban a algo más, porque en aquel momento se sentía en las nubes y ni habían llegado tan lejos, pero cuando es la primera vez que alguien te besa de aquella manera… Así se iba a sentir. Aún más cuando sabía que todo lo que haría Finn con ella, lo haría con extremo cuidado, como sentía que debía ser tratada porque, como la niña asustada que era, si llegaba a pasar algo que no le agradara, iba a salir corriendo con las mejillas teñidas en vergüenza e iba a dejar con las ganas al chico. Otra sonrisa volvió a colocarse en sus labios al sentir como la acomodaba, esta vez era una tierna. El ambiente se había puesto caluroso, pero él se las ingeniaba para tener gestos que a Elle le hacían pensar que era el hombre más tierno sobre la faz de la tierra, y probablemente lo era. Gestos que hacían que Elle perdiera la cabeza y su cordura por él, por quién era y por lo que le hacía sentir. Estaba enamorada y todo había pasado tan rápido que ella no lo procesaba. De un momento a otro, ella quiso que la dejara de tratar con ternura y directamente pasara a los besos fogosos y desesperados, pero le tuvo que recordar a sus deseos que todo llevaba su tiempo y que ella no estaba lista para llegar a tanto con el irlandés por ahora. La voz de su chico interrumpió sus pensamientos y ella abrió los ojos, un poco aturdida por la bola de sensaciones que le recorría el torrente sanguíneo en esos momentos. Lo miró con todo el afecto del mundo, con un ‘gracias por hacerme sentir tan bien’ tallado en su mirada y le devolvió el beso, siguiendo su ritmo. Su mente le gritó que hiciera algo al respecto con él, así que volvió a fundir las manos en su cabello, porque el oji-verde pareció haber reaccionado bien ante aquello antes. Entonces Elle decidió, que era su turno, el de él. Despacio, se las ingenió para quedar sobre él, a horcajadas. Cortó el beso un momento para regalarle una mirada tímida y luego volvió a besarle, esta vez marcando el ritmo ella, permitiendo que sus labios se movieran con un poco más de pasión sobre los de él y dejando los besos lentos para después.
A cada segundo que pasaba el calor se iba apoderando de si, esparciendo las llamas a través de su piel ahí donde sus dedos rozaban contra su piel, donde su cuerpo entraba en un contacto íntimo y sobre todo, donde sus labios se devoraban, como si no existiera un mañana y de eso dependiera el seguir respirando. La piel le ardía bajo la ropa y sus manos latían ansiosas, tratando de buscar el camino perfecto para explorar cada centímetro que conformaba el bello cuerpo de Giselle, sin embargo, parte de él no quería ir tan aprisa, sino que deseaba sentir cada segundo como único y especial, además de que siendo la primera vez que se tocaban de aquella manera, con tanto desespero y pasión, no pretendía hacer algo que la fuese a incomodar, de modo que siguió su ritmo, manteniendo las manos en su espalda baja, acariciando la exquisita piel de su estrecha cintura, esa misma de la que su hermosa Elle tanto renegaba. Su cabeza ya no pensaba claro, todo dentro del irlandés eran simples estallidos, como si el contacto de ambos fuese el perfecto detonador de una serie de sensaciones que estaban yendo más allá de lo que alguna vez había sentido en su vida. No sabía exactamente cual era la diferencia a sus otras experiencias, pero sin duda alguna esta estaba demasiado cerca de ser una que nunca olvidaría. Mantuvo los ojos cerrados, disfrutando del dulce sabor de sus labios y el modo en que estos se movían contra los suyos, en una danza sincronizada y natural, como si sus labios hubiesen estado hechos para encajar uno con el otro ante el más simple contacto. Un suspiro suave se escapó de los mismos, producto de aquellas delgadas y suaves manos introduciéndose en su cabello fundiéndose y haciendo de él un manojo de temblores por su espina dorsal, subiendo y bajando por toda la extensión de su espalda, erizando cada vello que conformaba su nuca. Trató de apretarla más contra su cuerpo pero entonces el juego se vio cambiado de forma esperada, provocando que un jade de sorpresa hiciera acto de presencia en su garganta en el momento en que la posición se invirtió, siendo esta vez Elle quien se montó sobre él. Abrió los ojos y la miró, contemplando su bella y angelical imagen sobre él, como si se tratase d elo más hermoso que jamas había visto aunque muy probablemente lo era. Abrió los labios para decirle algo, para hacerle un cumplido en ese preciso momento pero los labios de la rubia volviendo a colisionar contra los suyos, mandando a volar lejos cualquier palabra que pensó abandonar sus labios. El ritmo de su beso aumentó entonces y sin poderlo aguantar se enderezó un poco, apoyando una de sus manos en la nuca de Elle para presionar su boca con la suya mientras otra de sus manos recorría la extensión de su cuello hasta su hombro, bajando con lentitud la manga de su bonita blusa. La mantuvo ahí, pausando sus acciones dirigiéndole una mirada significativa, en espera de recibir el permiso para continuar con lo que estaba haciendo.
I’m going to miss you, Barry Allen.
I’m really going to miss you, Kara Danvers.
oliviawaldxrf:
Se detuvo en seco, porque de haber seguido su camino, la cabeza le hubiese dado unas ocho vueltas más hasta dejarla tirada en el suelo entre tanto mareo. Apoyó su mano contra la puerta de la primer cabaña que encontró en su camino y llamó a la misma sin mayor preámbulo, ni un intento de alcanzar a leer el número que adornaba la entrada de ésta y haber podido prever a quién encontraría dentro. “¿P-puedes prestarme tu baño?” Cuestionó con dificultad a través de la madera que aún la sostenía. “Tengo un poco de nausea y y-yo… por favor.” Murmuró sintiendo el estómago revolverse dentro de su interior y una horrible sensación subir a lo largo de su garganta. “Es urgente.”
Al escuchar la puerta de la cabaña ser aporreada por alguien enseguida se acercó para abrirla y ver de quien se trataba, encontrándose así con aquel par de ojos verdes que a primer momento lo dejaron impactado. Parpadeó y ladeó la cabeza con curiosidad, al mismo tiempo sorprendido por el hecho de que Olivia estuviera ahí considerando que probablemente debía odiarlo por todo lo sucedido en las últimas semanas. “Eh, si, claro, pasa...” Le abrió la puerta de par en par y la dejó pasar, cerrándola de una patada una vez que estuvo dentro. “¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes nausea? ¿Estás enferma?” Soltó un montón de preguntas, siéndole inevitable el no preocuparse por ella. “¿Qué tienes, Olivia?”
Los nervios la estaban atacando, pero la emoción con la que su corazón palpitaba le ganaba a los nervios por mucho. Lo único que tenía en mente en aquellos momentos era que quería pegarse a él y continuar con aquel beso la vida entera, algo que haría si en realidad pudiera, porque su cuerpo se sentía elevado y todo alrededor había desaparecido. El lugar donde estaba, los problemas que ella traía encima, todo. Deseaba a Finn por encima de un nivel físico, a pesar de que su cuerpo pedía a gritos que él la tocara y la atrajera a él en esos momentos, siempre iba a sobrepasar lo físico. Elle, en su inexperiencia con aquellos temas, supuso que era porque la conexión que sus almas tenían eran tan fuertes como llegar a sobrepasar el deseo físico. Otra cosa que sabía era que quería hacerlo sentir bien. Quería saber si a él le pasaba lo mismo que a ella cuando la miraba, o la abrazaba, o le brindaba una sonrisa. Quería tener el poder de tener el mismo efecto que él tenía sobre ella. Por su cuerpo recorrió un alivio al sentir como la apegaba más a ella, si es que aquello era posible. Sus pulmones pedían por aire pero ella los ignoró, tratando de prolongar el encuentro de sus labios el mayor tiempo posible. Tan distraída estaba en aquello que apenas sintió como la recostaba en la cama. No fue hasta que el colchón acogió su cuerpo que se enteró de aquello, entonces, se separó un poco aturdida por el beso y nerviosa desde el cabello hasta la punta de los pies, pero deseando más que nunca que siguieran en ello. En aquel contacto físico que era nuevo para ella y que lograba ponerle la piel de gallina. Quitó sus gafas del camino, dejándolas a un lado de la cama para que estas no estorbaran más, también para sentirse más cómoda ella. Si bien no se gustaba a si misma, sabía que su rostro se veía totalmente diferente sin gafas y espera que el castaño dueño de su corazón también la viera un poco atractiva sin ellas. Cuando le habló, volvió su vista a él y le regaló una pequeña sonrisa, asintiendo a sus palabras. ¿Parar? Lo que la mente de Elle maquinaba en esos momentos era todo menos parar. Entonces, él comenzó a deslizar sus labios por su mentón y todo le volvió a temblar, provocando que un suspiro entrecortado se escapara de sus labios. Sus manos fueron a parar inconscientemente al cabello de Finn, una vez más, para indicarle que no se detuviera y abrió espacio en su cuello para que siguiera besándola allí “No quiero que te detengas, Finn…” Admitió en un susurro casi tímido.
Un suspiro brotó de los labios de Finnegan, abandonando su interior con suavidad y cargado de sentimiento. El momento lo estaba volviendo loco en el mejor sentido de la palabra pues aunque anteriormente se había envuelto con una chicano podía siquiera recordar que se hubiese sentido igual de perfecto. Y no, no era por que estuviera comparando el roce de sus labios con los de Elle a los de otra chica, sino que sinceramente en su vida había experimentado algo igual. Usualmente s dejaba guiar por un hombre hormonal y deseoso que era, pero esto... esto era diferente. Era una especie de mezcla emocional que difícilmente lograría poner en palabras si así se lo pidieran. Estaba completamente perdido y absorbido por el sabor de sus labios, el aroma embriagador de su cabello y e su piel,la textura que esta tenía bajo sus dedos y todo lo que ella era que la simple idea de separarse para tomar un respiro le parecía una completa tortura, sin embargo sus necesidades fisiológicas se lo pedían. Se separó solo un poco, observándola quitarse las gafas de modo que su rostro quedó liberado de cualquier accesorio, dejándola ver más hermosa de lo que usándolas ya lo era. Acarició su mejilla con delicadeza, deslizando una sonrisa suave por sus labios al escucharla decir que no deseaba que se detuviera provocando que cada rincón de su cuerpo estallara en chispas. Asintió en silencio, cerrando su parpados a medida que el cuello de Elle se abría a su merced permitiendo que sus rozados labios dejasen un camino de besos suaves y húmedos, haciéndose de su piel y de su sabor más que nunca.. Era perfecta, simplemente lo era y Finn no podía sentirse más afortunado de decir que él era a quien la rubia había elegido sobre cualquier otra persona. Mantuvo sus besos en aquella delicada zona, con las manos tanteando sus costados hasta que logró tomarla por la cintura y alzarla un poco para colocarla de forma más cómoda contra la almohada de su cama. Quería que Elle se sintiera bien que no pasara por ninguna incomodidad ni mucho menos por un momento en lo que se sintiera presionada, mismo motivo por el que cada uno de sus movimientos, cada roce y cada beso era sumamente cuidadoso, como si se tratase de estar tocando a una muñeca de porcelana, frágil y delicada al tacto. “Eres hermosa..” Susurró, volviendo sus labios a los de ella sin poderlos mantener más tiempo fuera de ese contacto que era vital para él, como si de eso dependiera el seguir respirando cada uno de os siguientes segundos que fuese a vivir en su vida. Mantuvo el ritmo lento, permitiendo que sus dedos vagaran y acariciaran la parte desnuda de su cintura, esa poca piel que gracias al movimiento había quedado expuesta .
Waaaaaant
Se sentía en otro nivel. Tenía todas las sensaciones a flor de piel y no lo comprendía. Era un beso, no como los otros, pero lo era. Sin embargo, allí estaba: Temblando ligeramente de los nervios al no saber qué hacer, sintiendo calor de repente y tenía en claro que no era culpa de los cambios de temperatura de Los Ángeles, era por algo más. Elle no era nueva a aquel tipo de sensaciones, pero con Finn todo era nuevo: Las miradas, las sonrisas, las caricias… Todo era nuevo. Le encantaba. La mente de la chica comenzó a ir a mil por hora, justo como su corazón y las ganas de permanecer cerca de él aumentaron de cien por ciento a dos mil por cierto. Estaba sin habla, porque no podía procesar las cosas y soltar frases con coherencia, como normalmente hacía con Finn. Cuidaba todo lo que decía a no ser que un ataque de honestidad le llegara, pero en esos momentos no podía hacer ni aquello, así que prefirió callar y dejarse llevar. Si algo pasaba, ella estaba a disposición de él. Desde que lo vio lo había estado, sólo para él. Su corazón había estado enlazado a él desde que hablaron, porque su alma de una u otra manera supo lo que Finn iba a significar para ella. Recuperó el aire perdido en el beso cuando sus labios se separaron y ella, casi por inercia, soltó un suave quejido: No quería separarse de aquel contacto que le había gustado tanto, le había dejado deseando más. Conectó sus orbes azules a las verdes de él, quedándose viéndolo embelesada como siempre. Negó con suavidad, rehusándose a la idea de que él se estuviera echando la mínima culpa encima, pero de nuevo, eso fue todo lo que pudo hacer. La rubia no se opuso cuando él quiso aminorar la distancia, es más, se movió de tal manera que a este le fuera fácil acercarla a si. Estaba sobrecargada de sentimientos y el corazón estaba tan acelerado, que estaba segura que el chico lo podía sentir con la nueva cercanía en la que estaban en esos momentos ¿O aquel que palpitaba era el corazón ajeno? No lo sabía, pero no le molestaba que él supiera lo mucho que su corazón latía cuando estaba junto a él. Entonces, le murmuró algo cerca al oído y ella sintió que se iba a desvanecer. La piel se le puso de gallina y pudo sentir hasta los cabellos de su nuca erizarse y aquel camino de besos, con el cuál no sabía cómo reaccionar, terminó por dejarla en el piso desde un sentido figurado “Yo también te quiero, mi amor” Fue lo único que alcanzó a susurrar, antes de fundir de nuevo sus labios con los ajenos, siguiendo el ritmo que él marcaba y dejando que sus manos se enredaran en aquella cabellera castaña, proporcionando caricias involuntarias.
Su corazón dio un brinco acelerado dentro de su pecho, desatando un impulso de sangre que corrió por todo su torrente sanguíneo llevando el calor a cada rincón de su cuerpo, a casa parte de su piel que entraba en contacto con la de Elle pero en especial sus labios, esos mismos que en ese momento se sentían en llamas, producto del beso que estaban compartiendo en ese momento. Si bien decían que cuando se besaba a la persona indicada lo que se sentían eran fuegos artificiales explotando por todos lados, una chispa de energía y un hormigueo en el estomago, pues si bien Finn estaba experimentado todo eso junto en ese mimos instante, aunque con un plus único y elemental que era el calor que se estaba apoderando de él. Y no, no era lujuria, simplemente se trataba de un deseo que no rozaba ni en lo más mínimo lo obsceno o lo hormonal. Se trataba solo de amor... de una entrega más íntima que sobrepasaba por niveles al intercambio de un te quiero. Finnegan podría ser una persona de palabras, pero cuando se trataba de lo que realmente quería y deseaba las acciones se volvían su lenguaje preferido. Mantuvo sus parpados cerrados, dejándose llevar por el momento aunque parte de él trataba de mantenerse al margen, o al menos hasta que los dedos de Elle se fundieron en su cabellera, provocando que todo pensamiento claro terminara por nublarse. Sus manos viajaron al centro de su espalda, apretándola ligeramente de modo que logró sentir el calor de su pecho contra el suyo, la posición era cómoda pero no lo suficiente por lo que con lentitud y movimientos graciales terminó por mover a Elle junto a él, colocándola con cierto nerviosismo sobre la cama. Apoyó su espalda, esperando que no fuese a ponerse tensa pues ciertamente Finn no estaba seguro de si estaba yendo demasiado lejos, él sabía lo que quería y aunque tenía una fuerte conexión con Elle todavía no lograba leer sus pensamientos, por lo que no podía asegurar que ella quisiera lo mismo. “Puedo detenerme si quieres...” Susurró con delicadeza, admirándola desde arriba con ambos brazos apoyados a sus costados. ¿Como era que podía ser tan hermosa y no saberlo? Si por él fuera pasaría las horas diciéndole lo perfecta que era, lo bonitos que eran sus ojos y su sonrisa, el color de su piel y la textura que esta tenía, sin embargo no quería terminar siendo un empalagoso, hartarla estaba lejos de lo que el alguna vez desearía. Volvió a deslizar sus labios hacia ella, inclinándose lo suficiente para no apoyar su peso sobre su cuerpo al tiempo que trazaba besos por su mentón, buscándose un camino directo a su cuello.“Solo dímelo...” La incitó una vez más, haciéndole saber de ese modo que si ella deseaba parar entonces no habría problema alguno, él respetaría sus decisiones por completo.
El corazón de Giselle palpitaba con una nueva emoción, una que desconocía. Era una mezcla entre la felicidad y la paz, sentía su alma en calma. No era como cuando le confesó lo que sentía a Finn y fue correspondida, que fue felicidad extrema y con una sonrisa que le duraba hasta aquel día, ni como cuando le había dicho la verdad a Angela y había sentido un peso ser quitado de encima de ella, ahora… Todo estaba en absoluta calma. Los sollozos habían cesado y las lágrimas se le estaban secando en las mejillas, aunque no sabía el momento en el que habían dejado de caer en realidad. Su mirada estaba fija en la de él, transmitiendo pensamientos y emociones que ella no sabía cómo expresarle con palabras, aquello último sin siquiera intentarlo, sólo lo hacía. Él era justo lo que ella necesitaba para que su vida tuviera un balance perfecto y, si bien se había dado cuenta antes de eso, ahora no le quedaba ninguna duda: Finn era su vida entera, aquello que necesitó en el pasado, aquello que necesita en el presente y aquello que siempre va a necesitar en un futuro. También comprendió que ella, con todas imperfecciones que traía encima, con las gafas, los tartamudeos y las inseguridades, era justo para él. Se pertenecían, más que nadie, más que nunca. Abrió un poco los ojos al darse cuenta: No solo lo quería, lo amaba. Porque aquello era más que un simple ‘me gustas demasiado’ o un ‘te quiero’, que aunque lo último estuviera cargado de sentimiento y verdades, no era suficiente “Yo ya estaba mal antes de siquiera conocernos bien, Finn… No te eches la culpa de nada encima ¿quieres? Creo que el único que se dio cuenta en algún punto de esto fue Ray y no me lo dijo con certeza, solo lo lanzó allí y yo me puse tan nerviosa que salí corriendo” Admitió en voz baja, para que en realidad no se tirara ningún peso innecesario encima, porque nadie se había dado cuenta. Supuso que la mayoría solo pensó que una dieta sana y el ejercicio que hacía la mantenían tan delgada, a pesar de que ella siguiera sin verse de esa manera. Escuchó esas palabras celestiales salir de los labios del chico, haciéndose música para sus oídos y grabándose en su mente para fantasear con aquello cada noche antes de irse a dormir y, cuando se dispuso a contestar, fue interrumpida por aquellos labios que siempre la llevaban a la gloria. Suspiró sobre ellos por la sorpresa, porque ciertamente no se esperaba un beso, pero de inmediato se dispuso a corresponder el mismo. Sus manos cubriendo las mejillas del castaño y lo acercaron más a ella, tratando de dejarle en claro todos sus sentimientos con aquel beso, como siempre trataba de hacer. Estaba tratando de decirle un ‘te amo’ sin palabras.
El pecho le ardía, al igual que las lágrimas que poco a poco iban secándose en la superficie de sus enrojecidas mejillas. Finn, en ese momento, podía asegurar que nunca se había sentido así ante el contacto de sus labios con los de alguien más pues aunque anteriormente ya había besado a Elle en situaciones anteriores y todo el mundo pareció desvanecerse, esta vez era diferente. Podía sentirla podía ser consciente del calor que el roce de sus labios y de sus manos provocaba en todo su cuerpo, pero no tanto como un sentimiento de lujuria, sino de algo más, un deseo y al mismo tiempo un querer inexplicable y es que tal vez podía sonar extraño e incluso imposible de creer, pero junto a ella, cada sensación le parecía nueva, más potente y profunda. “Shhh...” Susurró sobre su bonita boca, negando ligeramente con la cabeza cuando finalmente se abrió un espacio entre los dos para tomar aire. Uno mínimo, pro suficiente para poder mirarla a los ojos al tiempo que retiraba un par de mechones de cabello rubio de sus facciones, liberándolas y dejándolas a la merced de sus orbes verdes. “Estuve ahí, Elle, yo pude haberme dado cuenta pero no lo hice...” Susurró, pasando de aquel tono lastimoso a uno más suave, un susurro que luchaba con no romper el lazo cálido que se estaba formando entre los dos. “Te prometo que estaré siempre contigo.” Deslizó las manos lentamente desde su rostro a sus hombros, siguiendo el camino a sus brazos hasta que topó con su cintura y la tomó, estrechándola cuidadosamente para acercarla lo más posible a su cuerpo, de modo que pudiera sentir ese corazón latente dentro de su pecho que lanzaba fuego y más solo por ella. “Te quiero, te quiero, te quiero.....” Murmuró, con los labios pegados a su oreja al tiempo que se abría una brecha de besos por su piel, en camino de su mejilla hasta que toco nuevamente sus labios. Nunca habían entrado en ese tipo de contacto, era algo nuevo que a pesar de no estarlo haciendo con las intenciones de provocarla esperaba en el fondo que su bella Elle no fuese a incomodarse. “Te quiero...” Volvió a susurrar una vez más, capturando por fin su labio inferior con los suyos para iniciar un beso que si bien no era igual de desesperado y necesitado como el anterior, sino un poco más lento, como la caricia de una pluma, como la sensación del terciopelo en la piel.
Por fin, después de su larga confesión, se atrevió a mirarlo: Lo había afectado. Eso era lo que ella menos había querido pero bien sabía que para Finn ella significaba algo y, con el corazón tan puro que este tenía, le iba a afectar. Soltó un suspiro, alterándose incluso más cuando notó que estaba llorando a la par de ella y de nuevo se preguntó qué bien tan exagerado había hecho para que le pusieran a semejante ángel en su camino. El corazón se le estrujó al realizar que ella era la causante de que estuviera así, pero si no sabía cómo calmar su propio dolor, menos podría calmar el ajeno. Su vista se mantuvo en él, tratando de controlar su agitada respiración y las lágrimas que caían por sus mejillas incesantemente, como si de una cascada se tratara. Entonces, él habló y a ella se le volvió a partir el corazón en pedacitos. Sus manos temblorosas subieron involuntariamente a enjuagar esas lágrimas del rostro del castaño, porque no quería que llorara. Si él se calmaba, entonces cabría la oportunidad de que ella también lo hicieran y pudieran hablar al respecto sin sufrirlo tanto. En la mente de Elle, la única que debía sufrir aquello era ella, porque ella misma se había metido en aquello. Contarle a su mejor amiga y a Finn había sido un reto que, a fin de cuentas, había superado porque, más que un voto de confianza para ellos, era un grito de ayuda. Temblorosa como estaba, se separó un poco de él y lo escuchó, alzando las piernas para abrazarse a si misma en busca de un auto-consuelo que, mientras no se amara a si misma, de seguro nunca llegaría. Asintió a todas sus palabras, volviendo a ser incapaz de mirarlo entre sus pestañas mojadas y su vista borrosa. Entonces, le dijo que la quería. Aturdida y con el corazón a mil, alzo su rostro y lo miró directo a los ojos. La quería. Entreabrió los labios y la felicidad se abrió paso entre toda la oscuridad que traía dentro en esos momentos. Aquellas palabras no era lo único que había rescatado de lo que él le había dicho, pero las otras palabras no se las creía aunque quisiera “Y-yo..” Comenzó, tomando el aire que no sabía que había perdido en esos minutos “He intentado… Ya sabes, verme al espejo últimamente, porque antes no p-podía y… C-cuando lo hago solo pienso en los cumplidos que me das siempre” Se limpió sus propias mejillas, cerrando los ojos en un intento de tranquilizarse “Y hay veces en que me digo que sí, que soy todo lo que tú dices que ves en mi pero otras… No lo sé, Finn, no es tan fácil” Continuó, abriendo los ojos de nuevo y volviendo sus ojos claros a los de él “Y yo también te quiero ¿Vale? Demasiado, más de lo que piensas” Entonces, esta vez fue ella la que pegó su frente a la contraria “G-gracias por estar siempre para mi, Finnie”
Finn no quería verse tan destrozado frente a ella, quería demostrarle que así como él era fuerte también podía serlo si se lo proponía más no veía la forma de hacerlo, no cuando las lágrimas se deslizaban por sus mejillas sin parar y los sollozos brotaban de sus rosados labios. Sin embargo no podía evitarlo, Giselle Bennet significaba para él mucho más que una amiga, mucho más que la persona con la que quería estar y a la que quería pues a lo largo del tiempo se había percatado de una cosa: cada situación por la que vivieron los había llevado a ese momento. A lo que ahora eran, como si desde un inicio hubiesen estado hechos para estar juntos. Y es que si tenía que ponerse a ver su pasado y recordar el par de chicas con el que alguna vez tuvo una relación nada se comparaba con lo que estaba viviendo junto a Elle. Las cosas eran únicas entre los dos, las bromas, los besos, las caricias e incluso las lágrimas tanto de felicidad como de dolor que brotaban de sus ojos en ese momento. ¿Es que acaso había encontrado a su alma gemela? Finn no podía decirlo con certeza pero si le preguntase como se sentía encontrar a su otra mitad entonces describiría lo que ella le hacía sentir cada vez que lo miraba o le sonreía, por que si, tal vez no supiera mucho del amor y fuese un completo lío andante pero las personas tenían razón: Cuando la persona indicaba llegaba no se necesitaban mil pruebas para verificarlo, ni mucho menos hacerse las mil cuestiones del momento, solo bastaba con que su corazón se acelerara ante el mínimo roce para saber que esa persona se convertiría en su todo, su ancla, la razón por la que despertaría cada mañana. Y si, sin dudas Giselle Bennet se había ganado cada rincón del irlandés, cada trozo de su corazón y de su persona. Cerró los ojos al sentir el contacto de su frente contra la suya una vez más, en ese gesto que era tan de ellos, una marca personal de lo que ellos eran. “Se que vas... vamos a salir de esta, Elle, yo lo sé. Te dije que no te iba a dejar caer y si ya lo he hecho prometo que haré todo lo que tenga a mi poder para sacarte de ese dolor. Tú más que nadie mereces ser feliz....” Susurró, tomando con delicadeza su rostro entre sus manos para enfocarse en aquel par de orbes azulinas cubiertas de una capita de lágrimas, haciéndolas verde más brillantes pero al mismo tiempo tristes. “Te quiero, Elle, te quiero tanto.....” Y dicho eso sus labios colisionaron casi de forma desesperada contra los de ella, no en un beso corto, ni mucho menos en uno frágil y delicado, sino más bien en uno profundo que trataba de hacerle saber de alguna forma que él sería su escudero, que estaría para ella sin importar la adversidad si eso significaba salvarla y traer a la superficie la persona que ella era realmente, esa mujercita a la que todos querían y que se atrevía llamar su alma gemela.
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