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@floresdepatio
“In a world of my own.”
Ramón Gómez de la Serna. Total de greguerías (1955). [27]
Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939): hands
“Pregúntate a ti mismo: ¿Qué haría si no tuviera miedo? Y luego ve a hacerlo.”
—
Lo leí por ahí
Señor equis
El neoliberalismo es cualquier cosa menos el punto final de la Ilustración. No lo guía la razón. Precisamente su vesania provoca unas tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo y nacionalismo. La libertad de la que hace gala el neoliberalismo es propaganda. Lo global acapara hoy para sí incluso valores universales. Así, incluso se explota la libertad. Uno se explota voluntariamente a sí mismo figurándose que se está realizando. Lo que maximiza la productividad y la eficiencia no es la opresión de la libertad, sino su explotación. Esa es la pérfida lógica fundamental del neoliberalismo.
La expulsión de lo distinto - Byung-Chul Han
Me encanta cuando aprendo de verdad cosas que pensaba que eran obvias
Call Me By Your Name (2017) - Luca Guadagnino
Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante. Coloca a un hombre en medio de una calle y pregúntale: “¿Qué ves?” Y en su respuesta estará todo, como en un cuento de hadas. Lo que pensamos no es tan importante, es lo que vemos lo que cuenta.
También esto pasará - Milena Busquets
“… Cuando mi madre y mis hermanas llegaron, varios días después, la casa estaba tal como la dejaron. Boté los palos y los diarios, trapeé el vómito. Limpiar la casa. Eso fue lo primero que hice por mi mismo, para mi. Y quizá lo hiciera con el deseo de que mi suerte cambiara. Esos primeros días entré en un estado de anestesia y me convencí de que no me quedaba otra cosa más que pensar en mi mismo. Fue como si la basura acumulada por mi padre de pronto me pareciera peligrosa, como si me acorralara, como si pudiera hundirme con ella sin siquiera darme cuenta. Toda la basura, y la pobreza, y las tardes con los Carrasco, de repente se transformaron en una amenaza. No por lo del robo, no es que temiera que nos convirtiéramos en asaltantes de banco. Lo mas probables es que siguiéramos siendo una banda inofensiva, sentados para siempre al pie de la escalera, o ya más viejos, en alguna esquina, ideando planes que nunca llegarían a puerto. Tal vez era justo eso lo que lo hacia amenazante. Pensé en lo estúpido que había sido todo ese tiempo, jugando con los Carrasco, jactándonos de lo astutos que éramos, sin comprender lo que realmente ocurría a nuestro alrededor. Y entonces, la luz que hacia brillar a Pancho, por ser tan asombrosamente él mismo, se apagó, dejando la sombra de un muchachito terco, iluso e insignificante.
El verano terminó rápido, y llegó el invierno con mas viento y la lluvia y el humo de las chimeneas. Cumplí los catorce. Durante un tiempo, mi madre y mis hermanas volvieron a la casa. Ella me explicó su versión de los hechos y me prometió que las cosas irían mejor, que volveríamos a empezar todos juntos otra vez, pero yo ya sabia que no podría ser así, y de todas formas no me importaba. Cuando uno vive experiencias fuertes se tiene la ilusión de comprender muchas cosas. Yo creí entender cómo funcionaba la vida. Cuando terminé de limpiar y ordenar la casa quedé exhausto, y pensé que en adelante debía seguir así: cansarme e imponerme obligaciones para prosperar en la vida. Creí que eso me mantendría a salvo. No iba a vagabundear como mi padre ni a preguntarme, temeroso, qué seria de mi. Iba a resistir, a olfatear las amenazas en el viento y a construirme una vida propia. Quizá qué destino me esperaba junto a los Carrasco, no lo conocí. Apenas pude me marché de Talcahuano, primero a trabajar en el norte con el papá de los Carrasco – último vínculo que mantuve con Pancho –, luego a Santiago. Me deshice de mi familia y de los únicos amigos que tuve. Y me endeudé para estudiar, y trabajé doce horas diarias y gasté dos más en viajes de micro, e hice todas las cosas que la gente hace para alcanzar cierto bienestar, y me cansé, me convertí en una persona cansada y viví en Recoleta y en Quilicura, sin saber nunca qué significaban los nombres de todos esos lugares”.
“Talcahuano”, cuento del libro “Qué vergüenza” - Paulina Flores
A veces es preciso entregarse a alguien para ver quién es uno.
Un regalo del cielo de Cecilia Ahren.
“Nunca digas que amas a alguien si nunca has visto su ira, sus malos hábitos, sus creencias absurdas y sus contradicciones. Todos pueden amar una puesta de sol y la alegría, solo algunos son capaces de amar el caos y la decadencia”
— Mario Vargas Llosa
Lisbon, Portugal, 1998. Photos by Gueorgui Pinkhassov.
Paterson (2016)
Blas de Otero. Mi silencio. Hojas de Madrid con La Galerna. [04]