Dejamos todo con el huairavo y nos adentramos en tierras de aves,llegó de muy lejos un mensaje. El viento repetía un “pronto llegaré” , mi pequeño corazón empezó a llenarse de plumas. Comencé a toser intermitentemente y de el fondo de mi garganta saltaban una tras otra las voces de seres que no conocía. Eran trinares diversos y confusos. Hice de mi lengua un pico y de plumas se forró mi rostro. Dos tambaleantes alas se abrieron paso rompiendo la piel de mi espalda y sin titubear elegí no caer en la angustia.
Hay muchas infusiones que debemos beber cuando comenzamos a mutar, pero en ningún caso hay que privarse de mirar el fondo de los recipientes. Con mis nuevas y tímidas alas busqué viejas cartas y sobre ellas reescribí la actual historia que ahora es mi relato y ya no desentona con la canción que acumula mi garganta .

















