Reflexión sobre la nacionalidad y la identidad
El domingo pasado se publicó en El País este artículo sobre los hijos de inmigrantes nacidos en España, segundas generaciones de distinta ascendencia que hoy en día “son y se sienten españoles”. Este articulo ha generado una polémica importante entre sus lectores. Sobre todo el caso de Laila, que por propia voluntad decidió llevar velo.
Leyendo dichos comentarios (más de 2000 entre el artículo y redes), uno puede llegar las siguientes conclusiones:
“La españolidad” tiene distintos niveles.
Requisito básico es haber nacido en España con padres españoles, si no los tienes, eres solo hijo de inmigrantes. (Parece que tenemos un vacío legal con los niños adoptados de otros países)
Tienes que tener raza española (Porque cómo va a ser igual de español que yo una amarilla de ojos rasgados o un negro, ¡en España! ¡que nunca ha habido mestizaje, todos mis ancestros son españoles de pura cepa!) La prueba de la pureza de raza la podéis ver en el siguiente video
A pesar de la libertad religiosa que hay en España, puedes ser de cualquier religión, pastafarismo incluido, menos musulman. (¿Y qué pasa con los españoles que se han convertido al islam? Que no cunda el pánico, se les resta un minipunto de españolidad.)
Si has nacido en el seno de una familia inmigrante, aunque compartas valores, ideas, te sepas la geografía española de pe a pa, te guste la forma de vivir de España, tengas DNI español y hasta cantes coplas rocieras, no te esfuerces, porque NO vas a ser español, te pongas como te pongas. (En cambio si eres catalán, y quieres no ser español... ay, ay, ay... LO ERES)
En el mundo en el que vivimos, si quieres viajar, en 12 horas en avión estás en la otra punta del planeta, estamos permanentemente estamos conectados e informados de las noticias de todo el globo terráqueo, saber o al menos intentar aprender otro idioma es indispensable… Yo me pregunto ¿es correcto juzgar a las personas sólo por su procedencia, nacionalidad o pasaporte? Ya lo dijo el escritor Josep Pla, “hay que viajar para descubrir con los propios ojos que el mundo es muy pequeño”.
Muchos de los que hemos nacido aquí como segunda generación, hemos sufrido ataques racistas durante la infancia y adolescencia, esto nos aleja de la integración, porque ¿como nos vamos a sentir españoles si nos rechazan? y teniendo una mentalidad tan distinta a la de nuestra familia, te sientes a la deriva en un océano inmenso, estando siempre entre dos aguas, a no ser suficiente ni para un lado, ni para el otro. Y no sabéis lo mal que se pasa al crecer sintiendo que no perteneces a ninguna parte, y remando hacia no se sabe dónde.
Hoy en día, definir la identidad de una persona con un simple “española, americana, siria o kurdistaní” se queda bastante pequeño. La forma de ser y de sentir de alguien, no está limitado a las fronteras del país en el que nace, ni siquiera en el del que crece. Las personas tenemos valores, creencias, ideologías, cada uno tiene una forma de pensar, influida más o menos por el país en el que residimos, y sobre todo tenemos experiencias, que van conformando nuestro carácter. Y eso sí forma nuestra identidad, nuestra esencia.
Mi identidad no está definida ni por mi nacionalidad ni por mi pasaporte, no soy sólo española, soy española de nacimiento, andaluza de corazón, de ascendencia china, me encanta la comida japonesa, tailandesa, mexicana y todo lo que esté bueno, adoro hablar más de 3 idiomas en una noche, aunque sea malamente, tengo amigos de más de 19 países del mundo (entre ellos Siria y Kurdistán), en resumen, soy ciudadana del mundo.
La integración y el avance es un trabajo de las dos partes, nosotros estamos haciendo la nuestra.
Publicado originalmente en El País digital