—Aja.— Respondió sin consentir su punto, después de todo no lo creía suficiente para no considerar vulnerables a ese grupo de chicos pero ¿para que debatir? —Por supuesto que esta enterrado ¿para que usar un casillero? — Discutió consigo mismo al ver lo que la joven hacia pues por supuesto que la había seguido hasta ahí. No era que la juzgara por resguardar objetos de esa forma, era por los hoyos y la obsesión de Eleazar con las plantas que eran atacadas por criaturitas que hacia hoyos; no todos los hoyos eran hechos por criaturitas al parecer.
No se molestó en contestarle, pero echo una risa. Tampoco le quiso decir que eso era demasiado especial, para ella, como para dejarlo en un casillero, además estaba el hecho de que ella no tenía uno, esos se guardaban para los estudiantes de verdad. Suspiro cuando dedos chocaron contra la delgada hoja de metal. Uso sus poderes para que la pequeña caja terminara de subir a la superficie. Era uno de esos recipientes viejos que te generan nostalgia, tenía la palabra ‘condimentos’ escrita en la tapa y dibujos de azafranes y girasoles que aún se diferenciaban en la pintura cascareada. Ágata la abrió, olía a oxido, para sacar una fotografía. -¿No habrás visto a este chico?- le tendió el pedazo de papel para mostrárselo, de cabello negro y ojos azules, en medio de muchos otros rostros sonrientes, inclusive el suyo, hace mucho tiempo, la iluminación era tanta que seguro se daría cuenta. Todavía no había tenido el tiempo suficiente, o la suerte, como para fisgonear en los papeles de Eleazar y averiguar si, por casualidad, estaba en los registros. Le dejo la fotografía a Nicu un rato mientras recogía agua en un tazoncito, que también saco de la caja, en el estanque cercano. Acomodo el resto de sus cosas al pie del árbol, velas de colores, que encendió, y otras chucherías, nada demasiado significativo para otra persona. Luego volvió a Nicu -Necesito encontrarlo- agregó, como si no fuera obvio, y extendió los dedos, reclamando lo que era suyo.