Cuando hace años “emigré” con mi pequeña maleta, pero todo mi corazón hasta Barcelona, una de las cosas que más me fascinó en principio fue lo bien situado que me sentía en el mapa. Lo que desde mi Santander de siempre era “todo un viaje” por las escasez de conexiones para salir de casa, en Barcelona era como un juego de niños. Como amante también del mundo de la aviación, y de volar en general –por aquello de su magia supongo-, estar en Barcelona, y en el Prat, era de pronto como un sueño. Un sueño hecho realidad en el abanico de destinos que se anunciaban desde las pantallas de las terminales catalanas. Desde las antiguas, que no viejas, porque yo soy un amante de la terminal vieja, y sus amaneceres con el sol calentando las cristaleras parasol. Desde Barcelona, Sevilla estaba a una hora, pero es que París o Roma casi también.
Estar en Melbourne es definitivamente las antípodas de todo eso. Nuestras tres opciones más recurrentes, -yo diría casi únicas-, son Fidji, Nueva Zelanda o Bali. Fidji es aparentemente un destino principalmente de enamorados viviendo su luna de miel, con islas paradisíacas pero sin gran infraestructura fuera de los macrohoteles de los que no somos grandes seguidores. Nueva Zelanda es en realidad un hermano de los aussies, llamados kiwis. Eso sí, con montañas y parques naturales de primera categoría, y ciudades con cierta historia, un buen lugar para dos semanas de tour caravaning.. Y Bali es la isla indonesa de todos los mochileros que entran y salen de Australia, a tan sólo 3 horas de Perth. Estoy reduccionista, pero es así. Ninguno de ellos es especialmente barato y las opciones low cost son relativamente limitadas con Jetstar como la vueling australiana, pero algo más cara.
Cenar bajo la torre Eiffel, o pasear por Piazza Navonna y navegar por Venecia es desde Australia como un sueño. Y sin embargo, para cualquier europeo, es posible. Aún y con todo eso, salir de “aquí abajo” –del Down Under-, es cada vez relativamente más sencillo y económico. Hubo un tiempo en el que AirAsia X se animó a conectar Australia y Europa con una sola escala en Kuala Lumpur, que con suerte te podía llegar a salir hasta por 300-400€ el trayecto. Ese tiempo se acabó cuando la low cost malaya se dio cuenta de que con aviones de cuatro motores, y el combustible “por las nubes”, no era rentable hacer low cost.
Sin embargo, con el dólar no en sus mejores niveles de cambio frente al euro actual, y los nuevos operadores asiáticos aún es posible volar Australia-Europa sin dejarse todos los ahorros de las vacaciones. Allá van algunos consejos:
- No volar a Madrid o Barcelona (menos aún a cualquier otro aeropuerto español) si lo que queremos es ajustar el presupuesto. La diferencia puede ser de 300/500€ extras a menudo. Volar a Londres, París o Frankfurt reduce el precio, y si la conexión hasta España luego no coincide con temporadas altas en Europa, puede compensar.
- Tomarse el viaje con calma. Si se dispone de tiempo, lo más inteligente es aprovechar el stopover, que en países como Malasia o Tailandia, permiten desconectar y estirar las piernas sin necesidad de visa. Otros como Vietnam sí precisan trámite de aduanas, pero ofrecen grandes destinos como Saigón o Hanoi, que aunque sean fugaces, entretienen y evitan jet lags.
- Operadores que conviene visitar son Air Asia X, Air India, China Southern Airlines, Vietnam Airlines, o Norwegian Air. Con suerte, se pueden encontrar conexiones Australia-París/Frankfurt/Londres por 500€, que sumando el vuelo final hasta España puede acabar en 600€; una cifra aún razonable si consideramos la distancia. Si se puede viajar con total flexibilidad, y sin prisa, el precio más ajustado, con algo de suerte es un Bangkok-Oslo desde 160€ con la nueva Norwegian, y conexiones Australia-BKK por no más de 200€. Todo ello, como decimos, con suerte y paciencia en las escalas.
- Si lo que se quiere es salir corriendo y llegar cuanto antes, entre los españoles expatriados parecen ganar las conexiones “fugaces” de Qatar y Emirates en Doha y Dubai respectivamente. Algunas te ponen en menos de 24 horas en Madrid o Barcelona, y con sólo dos vuelos; con servicios extra y precios que por trayecto no son tan económicos, pero en ida y vuelta pueden ser realmente competitivos (1200-1300€ de media fuera de temporada).
Viajar a las antípodas merece unas horas, y buscar la mejor opción también. La de quien escribe y quien le acompaña desde hace tiempo es “aprovechar el camino”, y eso pretendemos hacer cuando toque el primer regreso a España desde el Down Under. Aunque aún no podemos dar muchas más pistas al respecto, tenemos ganas de Camboya y Vietnam, Veremos qué sellos para el pasaporte nos gustan finalmente más.