Los chicos de las taquillas
No eres deseado, le decían. Nadie te quiere. Los chicos de las taquillas, de Ryu Murakami, no busca gustar. Tampoco suavizar. Lo que hace es mostrar. Y lo hace sin negociar. Desde el inicio queda claro: lo grotesco no es un exceso, es el punto de partida. No hay transición. No hay preparación. Solo ocurre. Y, aun así, en medio de esa crudeza aparece algo que no debería estar ahí. Una forma de…
















