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@hcjm84
Les ancêtres
"Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo."
Federico García Lorca. 💙
Arte: James Roy Hopkins. "Pantalla de bambú."
Estados Unidos, (1877 - 1969). Pintor, ilustrador, profesor de arte.
Fuente: Pinterest.com
Sueños y fantasmas. El arte de soñar.
Window with day lilies
Montpeler, Vermont -- 7/3/13
Mírame a los ojos, sé qué estás pensando. De tu cabeza quiero beber caldo, para matar mis dudas y subir hasta tu luna.
Tírate en el suelo y vete colocando. De tu entrepierna quiero beber caldo Y como ratas de basura, desorden y soledad, se fueron viéndote llegar.
"Ares y Sus Criaturas Sagradas: Jabalí, Buitre y Perro en la Mitología Griega"
El SEPRONA rescata un buitre leonado desorientado junto al aeropuerto de Alicante-Elche
La Guardia Civil ha rescatado un buitre leonado (Gypsfulvus) que se encontraba desorientado, en las inmediaciones del aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández, a escasos dos kilómetros de las pistas de vuelo. El pasado 1 de noviembre, la Central Operativa de Servicios (COS) de la Comandancia de Alicante, fue alertada a través del Centro de Coordinación de Emergencias 112 sobre la presencia de…
By Alison Friend
Carrusel
Estar con él
Es como un carrusel
Subes te emocionas
Bajas y lloras
Porque un día está
Te hace creer que se quedará
Pero al día siguiente
Su icono dice ausente
Y aunque intente hacerse presente
Con reacciones en publicaciones
Duele más
Que su falta de responsabilidad
Que su falta de empatía
Yo lo quería
Y volver a quererlo siempre dolia.
- Without love, Mel.
Christmas fair merry-go-round, Plaza de Santa Cruz
Madrid, Spain -- 12/7/22
Cajun fries with house sauce
Pringles Tessellations by @theo.rooden.art.weaving
Skaters en el parque 18 de marzo, en Tijuana.
Un mar de lagrimas
El rugido amortiguado de su moto-turbina se apagó al deslizarse en el estacionamiento automatizado del Nexus.
Max apretó el casco de fibra de carbono contra sus orejas leoninas, filtrando el zumbido constante de Neo-Amsterdam. El aire, cargado de ozono y aceite sintético, le recordó por qué prefería la soledad de su loft, con sus pantallas heredadas de su padre, Jos, proyectando paisajes imposibles. Pero el celo, esa vieja fiera en sus venas, rugía más fuerte que cualquier motor esta vez. Y Charles, ese zorro astuto y amigo de pocas palabras, había insistido: "El Nexus, Max. Nuevo, discreto. Omegas infértiles. Solo placer, cero complicaciones. Como te gusta."
Cruzar el umbral fue como sumergirse en un corazón artificial. Luces neón fracturadas – azules eléctricos, rojos venenosos, verdes ácidos – bailaban sobre superficies de metal bruñido y plástico luminiscente. El aire vibraba con una música sintética, profunda y pulsante, que resonaba en su pecho. No había humanos visibles tras la barra, solo un androide de líneas fluidas y ojos esmeralda fijos.
— Bienvenido al Nexus, Alfa —. su voz era un susurro metálico y perfecto. — Su preferencia para esta noche?
Max gruñó, un sonido bajo que el androide interpretó sin pestañear. Le guió hacia una columna iluminada, donde una pantalla holográfica flotaba en el aire.
— Nuestro catálogo. Seleccione según especie, fenotipo, habilidades especiales. Todos los omegas están certificados como infértiles y disponibles para servicio durante su ciclo.
Max deslizó sus garras retráctiles sobre la interfaz fría. Imágenes y perfiles desfilaron: un zorro esbelto con mirada calculadora LN-1, un lobo gris de porte serio, llamado OP-81 y un gato siamés con sonrisa desafiante, denominado NR-6.
Competentes, atractivos, pero... vacíos. Como elegir un programa más de las pantallas de su padre. Nada que apagara el fuego interno que lo consumía, nada que tocara esa parte solitaria que anhelaba algo más que un mero desahogo fisiológico.
Frustrado, casi dispuesto a dar media vuelta y enfrentar el celo solo como siempre, su dedo rozó una miniatura al final de la lista. Y se detuvo.
Especie: Leporidae Hybrid (Oryctolagus cuniculus)
Código: SP-11 Fenotipo: Canela, ojos café claro, pecas faciales distintivas.
Disponibilidad: Activo.
La imagen era pequeña, pero suficiente. Un rostro suave, redondeado por la juventud híbrida, cubierto por un pelaje corto color canela. Pequeñas pecas marrones salpicaban la nariz y los pómulos. Pero eran los ojos lo que le clavó una garra invisible en el pecho. Grandes, redondos, del color del café recién hecho, pero velados por un dejo de vulnerabilidad que contrastaba brutalmente con el entorno artificial y crudo del club. Un cachorrito perdido en una jungla de neón y deseo. Irresistible.
Sin pensarlo dos veces, Max pulsó la selección. Un leve zumbido recorrió la columna. La pared opaca de vidrio templado frente a él, que antes solo reflejaba las luces del club, comenzó a aclararse, volviéndose translúcida, luego completamente transparente.
Y allí estaba.
En una pequeña plataforma circular iluminada por un foco suave, bañado en tonos dorados que hacían brillar su pelaje canela, bailaba. No era la danza agresiva o explícita de otros en el club. Era fluida, casi etérea, un movimiento de caderas suaves y torsos arqueados que hablaba de gracia innata y una sensualidad inconsciente. Sus orejas largas, erguidas pero con las puntas ligeramente caídas, se movían al ritmo de la música sintética. Sus ojos, esos enormes ojos cafés, vagaban sin foco, como si estuviera en trance.
Hasta que su mirada, errante, encontró la de Max a través del cristal.
El tiempo se detuvo. La música se convirtió en un eco lejano. El zumbido de la ciudad, el murmullo del club, todo se desvaneció. Max sintió el impacto como un golpe físico en el esternón, un tirón visceral, profundo, que le arrancó el aire. No era solo el celo, no era solo la lujuria que lo había traído aquí. Era algo más primitivo, más desconcertante. Una conexión eléctrica que saltó el vacío entre el alfa león solitario y el omega conejo triste.
El conejo SP-11 se detuvo en seco. Su respiración se aceleró, visible en el leve levantamiento de su pecho. Esos ojos cafés, tan tristes instantes antes, se abrieron aún más, reflejando una mezcla de sorpresa, temor... y algo más. Una chispa de reconocimiento, quizás, o de desafío. Sus orejas se tensaron, apuntando directamente hacia Max.
Max, acostumbrado al control, a la distancia, encontró que no podía apartar la mirada. La fiera dentro de él, que solo buscaba saciar un impulso, rugió de nuevo, pero esta vez con una nota diferente. No de posesión violenta, sino de... ¿protección? ¿Interés genuino? El mundo a su alrededor, frío y despiadado, pareció desdibujarse, dejando solo ese cristal transparente y la criatura frágil y magnética al otro lado.
El rubio avanzó, las botas magnéticas adhiriéndose al suelo metálico. Su cola de león, gruesa y nerviosa, se agitó detrás de él. Al acercarse, el aroma de Sergio lo envolvió: canela caliente y hierba fresca, dulce pero con un fondo terroso que le recordó a la libertad de las llanuras, algo que la ciudad de acero y neón le había robado hacía mucho.
@chequitopdmax 🥴🐰🐱