Personal Purgatory, 宇煉 Uzui/Rengoku . Oneshot.
Set your heart ablaze
This warmth will keep you safe,
just stay alive.
...
El constante tic-tac del reloj de pared se detuvo hace como diez minutos a la par de que la lámpara sobre la mesita de noche llevaba el mismo tiempo con la tenue luz parpadeando intermitente, dando como resultado poca iluminación a esa zona. El televisor enmudeció, en vez de proyectar aquel absurdo noticiero con la programación de media noche ahora solo mostraba la pantalla monocromática con ese característico efecto de ruido blanco; los cables del aparato parecían haber sido arrancados desde la base del televisor. Uzui se encontraba ubicado en el sofá, cabizbajo, como cada noche; parecía que escondía la cabeza entre las rodillas mientras que a su lado (sobre la misma mesita) había una cantidad absurdamente incontable de cigarrillos a medio terminar dentro y fuera del cenicero, además de coletillas que todavía emanaban humo. Otras parecían haberse apagado hace horas, como si el consumidor no hubiese dado espera a terminar un cigarro para luego empezar el otro. Blíster de pastillas para dormir, las cuales fueron recetadas por una amiga conocida como la Dra. Shinobu Kochō, yacía totalmente intacto debido a que Tengen se negó a utilizar este medio para conciliar el sueño que hace más de un mes había perdido.
Una botella de licor estaba en el suelo cerca de los pies descalzos del hombre de cabellera plata, no había tomado absolutamente nada (el líquido estaba casi hasta el tope) pero había únicamente dos copas servidas también sobre la mesa.
— Puedes beber conmigo esta vez, hoy estás de cumpleaños y tienes la mayoría de edad ¿Lo harás o no? —voz gruesa, pero esta se mantiene ronca, ha salido notoriamente apagada pese al hecho de hablar de una fecha importante que solía celebrar junto al anfitrión en cuestión todos los años desde que se conocieron e hicieron amigos. Sin falta.
Tengen alza la cabeza, los mechones claros están revueltos de forma desdeñosa, lo cual es raro. Siendo un tipo que se preocupa por su imagen y dar ese aspecto extravagante, deslumbrante cuál diamante, justo ahora parecía otra persona. No lleva en la cabeza la diadema de joyas llamativas y el cabello luce descuidado.
— ¡Deberías pensar en descansar, Tengen! —entonando con decisión se escuchó, fuerte y claro, aquella voz que los oídos de Uzui jamás podrían pasar desapercibida... aunque simplemente negó con suavidad ante la sugerencia de Rengoku.
Éste se hallaba en el sillón cercano y delante del aludido, la actitud del rubio es como de costumbre y la sonrisa en sus labios es extrañamente tranquila a pesar de tener un collar alrededor del cuello; al contrario de Uzui, quien no puede sonreír de forma genuina y, en cambio, las comisuras de sus labios se tuercen hasta proyectar una mueca compungida que completa la imagen hundida en miseria ácida, contrastando en totalidad con el aspecto que por lo general poseía. Rengoku siempre se ha preocupado por todos, siempre ha velado por la salud de los demás y procurado que se encuentren en forma, bajo óptimas condiciones. ¿Y qué hizo él? ¿Por qué no pudo resguardar a tan maravillosa persona? La amargura de un mal trago sobrepasa a Tengen.
—Quiero dormir contigo, Kyō. Hace frío. —la oración casi se rasga al pronunciar el nombre que usaba para referirse a su buen amigo en vez de hacerse oír con un matiz pícaro (como habría hecho, en diferentes circunstancias), más allá de eso, a quien le tenía un cariño excepcional adjunto a una admiración totalmente devota.
Ausencia de palabras, el bombillo de la lámpara emite un sonido como si fuera a quemarse y durante unos segundos se apaga. La sala se sumerge en penumbras, pero Uzui puede ver a mayor detalle las llamas, justo como antorchas que hacer relucir a esa persona delante de él; aquellos irises que poseían una combinación excéntrica en tonos amarillos, rojos y anaranjados, le otorgaban a Tengen una sensación de calidez increíble como si hallara en medio de la temporada de otoño. Ahora que lo piensa, el cabello de Kyōjurō luce tan bonito como siempre, había acariciado las hebras del mismo tantísimas veces. Suaves, esponjosas; Rengoku le daba cobijo en tantos aspectos como si fuera el mejor refugio aun pasando por el más crudo de los inviernos y asimismo la manera en cómo se apoyaban el uno al otro era asombrosa. Solo no debió dejarlo subir al tren aquel día, tuvo que haberlo hecho bajar y llevárselo a otro lugar lejos de esa estación que ahora solo formaba parte de los terrores nocturnos de Uzui.
Kyōjurō es como una fuerte llamarada envolvente en medio de la oscuridad.
El silencio se alarga hasta que la bombilla de nuevo se enciende y el rubio decide interrumpir el absorbente mutismo entre ambos mientras coloca las manos sobre el collar que está en su propio cuello, antes de formular la pregunta que produciría un escalofrío en Tengen.
— ¿Ya estás listo para dejarme ir? —
La quietud se rompe.
Uzui aprieta la mandíbula, el corpulento hombre se tensa mientras hace un esfuerzo enorme por no responder de forma abrupta con la negación que quería salir desde lo más profundo de su garganta. Patético intento de sonrisa, el gesto tiembla en los labios del muchacho de cabellos más claros en tanto él no hace otra cosa sino apretar con fuerza la correa que se une al collar sobre el cuello de su mejor amigo. Es una sensación lacerante que le genera considerarlo y continuar aferrándose a algo que ya nunca más podría ser « ¿dejarte ir? », aunque sabe que es mucho más difícil soltarlo, como meter las manos directo al fuego sentenciándolas a llenarse de quemaduras y ampollas dolorosas. Sin embargo, ahí está, aferrándose a la correa, aunque sabe que esto no depende de él.
Rengoku termina por apartar lentamente las manos del collar, continúa con la imborrable sonrisa sin temor alguno, y hasta llegó levantarse para ir a colocar una mano sobre el hombro de Tengen. Volvió a hablar con la actitud más tranquila del mundo, las oraciones nunca pierden la firme voluntad que le caracterizaba.
— ¡Bien, no tengo problema en quedarme un poco más! —
La misma pregunta de todos los días sobre si lo dejaría partir, Uzui se niega a soltarlo pronto mientras Kyōjurō lo prepara para la etapa de duelo que debe pasar; pero que no ocurrirá a menos que el de hebras color plata así lo quiera. Ya que no está listo para sufrir. No más. Eso que lo quema en vida es también lo que no lo ha hecho colapsar en su totalidad, desde los restos destrozados de su alma, en verdad una calamidad difícil de sobrellevar. Tengen ha elegido hacerse un refugio en los recuerdos, la sobrecogedora calidez y más que ello, siéndole como su " purgatorio personal ". El mismo que sería capaz de limpiar las impurezas que lo corroían poco a poco, aflicción que parecía iba a quebrarlo en pedazos un día de estos. Si tan solo pudiera arrancarle del pecho la culpa que le producía el solo pensar de que no fue capaz de hacer nada al respecto cuando todo aquello pasó.
— ... Kyō —pronuncia, haciéndolo sonar ahogado en una súplica al borde de la desesperación. Exhausto de retorcerse en esa tortura—, no te vayas.
En el teléfono de Tengen la pantalla estaba desbloqueada y con el tiempo de espera para apagarse desactivado, muestra una serie de llamadas perdidas de hacía días y otras un poco más recientes, de sus amigos. La última era de Iguro Obanai, y en la bandeja de mensajes había un « Tengen-san, por favor, respóndame. ¿Está bien? » por parte de Kochō.
La imagen de fondo es una foto de Rengoku a quien al parecer habían pillado desprevenido comiendo, dado que tenía las mejillas regordetas e infladas luego de haberse hecho con muchos bocados de las batatas dulces que estuvo comiendo ese día. La expresión en su cara era de sorpresa, pero estaba alegre de poder disfrutar la comida.
Uzui había tomado la fotografía.
—¡Sabes que te acompañaré todo lo que necesites, hasta que estés listo! —
El rubio esta vez lo abraza, las manos se colocan sobre la ancha espalda del desanimado Tengen, las palabras de Rengoku sirven como ungüento necesario para aliviar la frustración que lo irrita a cada segundo. La migraña que iba a perforar su cabeza se suaviza, pero las manos del más alto aún no han liberado la correa. ¿Por qué se mantiene ahí sujetándola, cual chiquillo terco? Si es Rengoku quien podía irse cuando lo deseara, de la nada, y esto generaba un terrible temor en Uzui hasta el punto de aumentar la ansiedad que estaba por hacerse más grande que él mismo.
Ojalá poder abrazarlo de vuelta, lo más que puede lograr es apoyar la frente en el hombro del rubio mientras es Kyōjurō quien le brinda ese consuelo que necesitaba; porque Uzui no quiere sentirlo desvanecerse entre sus brazos, otra vez. Transcurren extensos minutos y el agónico martirio se marcha, otra vez puede regocijarse entre las cálidas brasas como estar al frente a una fogata inextinguible. Kyōjurō Rengoku tenía esa cualidad, la de brindarle a otros un poco de paz y ánimos mediante palabras, en los momentos más indicados, pero...
Tengen cedió ante el cansancio, muchos días sin poder dormir al final cobraban factura, pero le es reconfortante tener al rubio cerca de él.
Al día siguiente, a las horas del mediodía, el sonido del teléfono y la luz solar hizo que los ojos fucsias se abrieran lentamente. Un poco más de claridad hacía que las marcadas ojeras, en tonalidades azuladas, en los párpados inferiores de Tengen ahora se apreciaran mucho más y la palidez de su piel es como si tuviera semanas sin salir directamente afuera hacia una cálida mañana. Él parpadea, se rasca la cabeza, medio somnoliento; la mirada por lo general reluciente está bajo una opacidad inusual, demacrada. La botella de licor sigue igual, solo las dos copas que sirvió a media noche eran las que no tenían nada del líquido.
— ¡Al fin despertaste, no es bueno que te saltes los desayunos! —exclamó Kyōjurō, entre negaciones con su cabeza.
Uzui tampoco tomó las píldoras.
Sin embargo, la presencia de Rengoku resulta mucho más efectiva que los narcóticos recetados, Tengen sonríe en su deteriorada imagen y se levanta junto con el de cabellos amarillos. Vaya escena de ambos ahí, con Uzui aun sosteniendo la correa, caminando como si fuera una especie de juego insólito de creer...
— Solo admite que querías deleitarte con mis estupendos platillos, Kyō. —
Tengen trata de sonar igual que siempre, no lo hace, pero esto no es suficiente para quitarle la emoción a la mirada del rubio; quien sonrió ampliamente. Mano empuñada colocó en su propio pecho, replicándole con entusiasmo.
— ¡Me conoces bien, Uzui Tengen! —
— Solamente Tengen —añadió el de hebras plata.
Otro día igual al anterior, rutina que había adquirido hace como mes y medio. No devolverá llamadas telefónicas a nadie, pero sí le confirmó a Kochō que estaba perfectamente bien. Solo no quería escuchar a nadie decirle que debía hacerle cara a la realidad. Tengen revisa los álbumes llenos de fotos, de él y de sus amigos, además tenía una sección repleta de fotografías de Rengoku antes de que la desgracia ocurriera. El historial del chat entre él y su rubio amigo sigue sin ser borrado, la cantidad de mensajes de Tengen es mayor, pero ninguno marcó haber sido leído luego del incidente en el metro « no olvides regresar para tu cumpleaños, ¡verás que vamos a pasarla genial! Y la promesa que hicimos sobre cuando tengas la mayoría de edad, ¡hey! no tienes escapatoria de esto, Kyō ».
Irían a la cocina, Uzui prepararía la comida favorita de Rengoku y como hábito infalible serviría dos platos, la parte del rubio mucho más rebosante debido a que conocía el voraz apetito de su amigo; tampoco olvidaría al par de hámsteres que ambos cuidaban, a pesar de todo no había un día donde Tengen no los alimentara y jugara con ellos haciendo comentarios como « ¿Están creciéndoles músculos o no, Kyō? Sashimi y Takoyaki son fuertes » a lo que recibía un animado asentir por parte del rubio, quien cruzaría los brazos a la altura del pecho con un gesto orgulloso y honesto. Esos nombres de los pequeños roedores no dejaban de darle gracia al hombre más alto.
Quizás, pensaba, si mantenía esa rutina algún día Kyōjurō podría acompañarlo a todos lados como antes, sin la necesidad de mantenerlo atado; aunque era Tengen quien no había tenido el valor de soltar la correa por ningún motivo dado que esperaba poder despertar de esa pesadilla y sacar de ahí a su amigo también. Ignorando el hecho de que el accidente del tren había ocurrido hace casi dos meses, negándose a ver a Kyōjurō como la lápida fría que no se asemejaba en nada al fuego danzante que era el cabello de Rengoku Kyōjurō; porque la interminable agonía es un poco más llevadera si lo sentía cerca o si se hacía la idea de que estaba ahí. Tangible, acompañándolo. Incluso si era una mentira, un vil y terrible engaño hacia sí mismo, una ilusión hecha por su propia mente agotada; si lo crecía así, entonces para él esa sería la única verdad.
No importa hace cuánto tiempo haya muerto Rengoku Kyōjurō, Tengen simplemente no estaría listo para dejarlo ir.
宇煉 . Personal Purgatory . 宇煉
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Créditos de la artista de la imagen principal a @cry0happy, en twitter.
FIN .
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